Pardo Bazán: mujer, manque les pese

  • Uno de los aspectos más importantes de la escritora gallega viene establecido por algo que no debería ser meritorio: ser mujer.
  • Esta condición provocó que su vida estuviera acompasada de varios enfrentamientos para poder continuar su ejercicio como escritora.

Un 12 de mayo de 1921 fallecía Emilia Pardo Bazán, una mujer de armas tomar que se supo desenvolver en varios géneros literarios y que, debido a su temprana curiosidad por la lectura y por lo que se hacía en otros países, fue la encargada de importar el naturalismo francés a nuestras fronteras.

La que fuera dueña de la posterior residencia del dictador Franco, el Pazo de Meirás, nació en el seno de una familia noble de La Coruña. Esta solvencia económica le ayudó a la autora a crearse una cierta independencia como mujer del siglo XIX y como persona.

«Si en mi tarjeta pusiera Emilio en lugar de Emilia, qué distinta habría sido mi vida»

Desde muy joven, se casa con José Quiroga y Pérez Deza, con quien tuvo tres hijos y una relación estable.

LOS PORTAZOS DE LA RAE 

A base de una lucha constante para hacerse hueco, Bazán empezó a prosperar en el mundo literario con sus primeras publicaciones.

Su tono naturalista, la expresión de la realidad humana hiperrealista y el tono elevado -con relación a la época- desde el punto de vista sexual que cubrían sus textos, empiezan a chocar con la mentalidad de algunos sectores, mayoritariamente masculinos, como era el suyo: el de la literatura.

De entre sus detractores más conocidos se encuentra Juan Varela, uno de los escritores que apoyó la denegación de entrada de la gallega a la Real Academia Española. El motivo que expuso Varela estaba a la altura de su tolerancia hacia el talento femenino y hacia el de las mujeres en general: «su trasero no cabría en un sillón de la RAE». Quizás, al autor de Pepita Jiménez el subconsciente le jugó una mala pasada, que le hizo enredarse con las palabras y, mientras pensaba en la palabra «talento», terminó escribiendo equívocamente «trasero».

Antes de su muerte, Bazán escribiría El aprendiz de helenista, un texto dedicado al autor, pero que se convierte en una crítica perfectamente extensible al pensamiento masculino antifeminista de la época.

«Seamos justos: D. Juan no ocultaba su manera de pensar respecto a la mujer, y no pocos piensan, más desdeñosamente aún; y no lo confesarían, por no parecer atrasados ni anticuados»

El aprendiz de helenista (ABC). 

A pesar de toparse nada menos que tres veces con las puertas cerradas de la RAE -suerte que tuvieron que correr otras autoras como Gertrudis Gómez de Avellaneda o la lingüista María Moliner– Bazán se mantuvo estridente con cigarro en mano, mientras debatía sobre nuevas corrientes literarias bajo la miraba -siempre atenta- de los hombres que, aparte de tildarla como una mujer fea y gorda, también la consideraban inoportuna.

DISTINCIONES

Claro está que todo este revuelo también iba a hacer estragos en su matrimonio. Esta nueva realidad no era fácil para el marido de la escritora, pero tampoco para ella, pues no estaba dispuesta a dejar de hacer lo que le gustaba y quería, por lo que decidieron separarse de mutuo acuerdo, sin dramas.

La montaña de mala fama de Bazán parecía ir en aumento: mujer, escritora, con talento, que habla de sexo y de feminismo y, ahora, separada de su marido.

Su calidad como escritora es indiscutible, La cuestión palpitante y Los pazos de Ulloa son un ejemplo de ello.

Su talento se fue imponiendo poco a poco. Fue presidenta de la sección de literatura del Ateneo de Madrid, la primera mujer catedrática de la Universidad Central de Madrid y Consejera de Instrucción Pública del Gobierno, nombrada por Alfonso XIII.

Llegó a ser reconocida y se ganó que muchos acompañaran el «Emilia» con el distintivo  «Doña».

A pesar de tener en su mayoría opositores, también llego a establecer relaciones personales con grandes personajes del mundo literario que la apoyaban.

Tuvo un cierto idilio amoroso con otra de las grandes voces de la época, Benito Pérez Galdós, pero, sobre todo, una gran amistad, que se muestra en las cartas que se enviaron durante años.

“Leo en los periódicos que está V. enfermo… Es una mala partida ese confinamiento en Santander y ese vivir a cien leguas de quienes le quieren y saborearían tan gustosos la conversación y el trato de V. En estas ocasiones es cuando se ve lo mala que es la distancia”

Carta de Emilia Pardo Bazán a Benito Pérez Galdós

La dura trayectoria vital y profesional de Bazán, a pesar de tener un buen respaldo económico, es la historia de muchas mujeres a lo largo y ancho de toda la historia. La escritora gallega impuso el debate necesario y escalofriantemente actual sobre la condición de las mujeres y sus derechos.

Doña Emilia luchó por tener las mismas libertades que los hombres siendo mujer y, en cierto modo, lo consiguió, manque les pese.