Adolf Hitler: la muerte de las mil teorías

El 16 de abril de 1945 las tropas del Ejército Rojo lanzaron la última gran ofensiva de la II Guerra Mundial en la conocida como Batalla de Berlín. Poco a poco, las tropas soviéticas se fueron haciendo con la capital alemana. 

Mientras, Adolf Hitler guiaba a las suyas desde un Búnker, el Führerbunker, donde permanecía desde hace meses confinado y, como afirman la mayor parte de los historiadores, el lugar en el que él mismo pondría fin a su vida el 30 de abril de ese mismo año. 

La noche del 1 de mayo, la radio de Hamburgo informaba de la muerte del Führer. Al día siguiente, los soviéticos se hacían con la capital de Berlín. Sin duda, esto significó una gran victoria y el fin de la II Guerra Mundial.

Sin embargo, faltaba una pieza fundamental en el puzle: ¿dónde estaba el cuerpo de Hitler?

Este misterio empezó a alimentar las especulaciones: ¿había huido en submarino a otro continente el Tercer Reich?, ¿llevaba todo ese tiempo en la Antártida?, ¿estaba vivo?

DESPUÉS DE LA MUERTE: ESPECULACIONES Y SECRETOS

El dictador, de ser invencible, pasó a tener mil muertes diferentes, pero de todas estas especulaciones, solo una podía ser verdad.

La mayoría de los historiadores afirman que, mientras el mundo se esforzaba por darle motivo a la muerte de Hitler, miembros de la inteligencia soviética buscaban el cadáver del Reich, a pesar de que Stalin decía que este había huido a España o Argentina. El objetivo del dirigente comunista era hacer ver que otros líderes políticos podrían estar ocultándolo y, así, mediante la confusión, debilitarlos.

Los expertos, por su parte, indican que tanto Hitler como Eva Braun, con la que se había casado el día anterior, se habían suicidado en el búnker pocas horas antes de que el Ejército Rojo se hiciera con la capital.

Según esta teoría, el Führer, antes de su muerte, habría ordenado que se incineraran sus restos.

Todo apunta a que el dictador estaba huyendo de la suerte que corrió su amigo Mussolini apenas dos días antes: golpeado y fusilado por el pópulo, mientras permanecía colgado boca abajo junto a su amante en una plaza de Milán.

El cuerpo del Tercer Reich, pese a su supuesto deseo, no fue del todo destruido. Aunque las tropas alemanas lo ocultaron  durante mucho tiempo, los servicios secretos soviéticos encontraron los restos que sobrevivieron a la incineración, entre ellos, su mandíbula.

LARGA HISTORIA POST MORTEM 

Este hecho demuestra nuevamente que los rusos eran conocedores de la muerte del líder nazi, aunque todavía existen dudas de cómo acabó con su vida. Algunos afirman que se envenenó con cianuro, otros que se pegó un tiro en la cabeza o, incluso, que algún soldado de su confianza fue quien le ayudó a acabar con la agonía de aquel que alguna vez soñó con un imperio.

Rusia tenía sus restos y no quería que nadie más tuviera acceso a ellos. El país quería seguir añadiendo páginas a esta historia de misterios.

Después de 50 años de la muerte de Hitler, Rusia finalmente reconoció ser poseedora de los restos. En 2009, afirmó que lo que quedaba de Hitler fue incinerado en los años 70 y que las cenizas fueron lanzadas en un río de Alemania. A decir verdad, un presunto final bastante poético para el que desatara una guerra con 50 millones de muertes.

Sin embargo y para enredar más la historia, no todos los restos desembocaron en el río. Rusia conservó la dentadura y una parte del cráneo, analizados en 2018 por forenses que llegaron a la conclusión de que la dentadura pertenecía a Adolf Hitler.