Oxígeno: África y Asia asfixiados por el coronavirus

El coronavirus ha puesto a los contagiados de Covid-19 de África y Asia del Sur en una situación que ha alertado a los expertos ante la posible cascada de fallecimientos que podrían producirse. 

En los puntos médicos de los países de estos continentes, los sanitarios y médicos se encuentran en el difícil escenario de intentar salvar la vida de los afectados sin el principal elemento sanitario en esta tarea: el oxígeno.

La falta de oxígeno está asfixiando, literalmente, a decenas de afectados por coronavirus en los países más pobres de África y Asia del Sur.

En los países más desarrollados, los respiradores han hecho de sustitutos del oxígeno debido  a que el sistema sanitario permite tener acceso a estas máquinas de respiración asistida. Sin embargo, en el caso de los países más pobres, tener acceso a estos respiradores artificiales una misión casi imposible.

Los pacientes que necesitan del oxígeno que escasea en estos lugares son, generalmente, pacientes de cuidados intensivos, a los cuales el oxígeno les ayuda a frenar la acción del coronavirus en los pulmones, una de las partes principales del cuerpo sobre las que incide el agresivo patógeno.

LA ÚNICA TERAPIA DE SALVACIÓN

Hamish Graham, pediatra e investigador del hospital universitario de Melbourne, comparte en una entrevista a AFP que “el oxígeno es la única terapia que salvará vidas en África y en Asia-Pacífico en esta fase de la enfermedad”.

Con esta afirmación, Graham destierra la idea de que los respiradores automáticos podrían ayudar en la recuperación de los pacientes de África y Asia del Sur. Incluso apunta que el uso de los respiradores podría llegar a inducir la muerte de muchos afectados. 

La situación es tan crítica que, muchos de los sanitarios que trabajan los establecimientos hospitalarios de estas zonas, se están viendo obligados a dejar de suministrarle la cantidad adecuada de oxígeno a algunos pacientes porque sino otros se quedarían sin él. Es decir, los médicos reparten el oxígeno para ir capeando el temporal.

Además, tampoco cuentan con un número adecuados de pulsioxímetros para conocer cuál es el nivel de oxígeno en sangre que tienen los pacientes. Este hecho implica que, en algunas ocasiones, muchos pacientes no reciban oxígeno antes que otros que “podrían esperar”.

En puntos como Malaui, debido a la vulnerabilidad del sistema eléctrico del país, han tenido que echar mano de la energía solar para alimentar los concentrados de oxígeno.

Otro de los grandes problemas a los que se enfrentan en los países pobres de estos continentes es que no cuentan con datos oficiales sobre la necesidad que existen en cada país de este tipo de materiales. Por lo tanto, resulta imposible hacer un reparto efectivo y equitativo para hacer frente a la pandemia.

La situación es cada vez más insostenible, y los expertos y sanitarios advierten de que si continúa la pandemia y no les envían los materiales sanitarios, en un plazo de dos meses, las consecuencias serán muy graves e irreparables.