Hambre: el otro virus de Estados Unidos

Estados Unidos sigue siendo el epicentro del coronavirus en todo el mundo.

A punto de alcanzar los 760.000 contagiados y con más de 40.000 fallecidos contabilizados, EEUU se enfrenta a otro enemigo con una gravedad similar a la provocada por el impacto económico y sanitario surgido a partir de la llegada del Covid-19 al país.

El parón que ha sufrido una de las primeras potencias mundiales ha puesto de manifiesto el auge de la inseguridad alimentaria a la que se enfrentan los más pobres que residen en diversos puntos del país.

El cierre de restaurantes, escuelas, hoteles y otros espacios ha hecho que los agricultores estadounidenses no puedan hacer frente a toda la producción que han ido generando para evitar un desabastecimiento durante la pandemia.

Sin embargo, los trabajadores lanzan un SOS a las instituciones para que ayuden a las cadenas de distribución a crear una red de entrega de alimentos frescos a bancos de alimentos, supermercados con existencias agotadas, comedores sociales o personas en riesgo de vulnerabilidad extrema.

Esta petición planteada por los agricultores americanos tiene dos objetivos: por un lado, evitar el aumento de la pobreza en Estados Unidos, y por otro, ponerle freno al desecho masivo de productos frescos por parte de muchos trabajadores a los que se les acumula y pudre el género.

Según datos de la organización Feeding America, 37 millones de personas pasan hambre en Estados Unidos y el coronavirus ha disparado estos datos después de su irrupción en el país. De esos 37 millones, 11 de ellos son niños, y casi 6 son mayores.

DESECHO MASIVO DE PRODUCTOS FRESCOS

La compañía Produce Marketing Association, un grupo comercial de la industria agrícola estadounidense, ha asegurado al diario The Hill que, desde que explotó la pandemia del coronavirus en Estados Unidos, se ha desechado una cantidad tan alta de frutas y verduras que las pérdidas ascienden a un total de 5.000 millones de dólares. 

Centenares de granjeros han tenido que enterrar el género que producen, así como como muchos de ellos han tenido que tirar litros y litros de leche ante la imposibilidad de darle salida a la cantidad producida.

¿El motivo? Según varios afectados, cuyos testimonios han sido recogidos por el New York Times, “resulta muy difícil hacer llegar esos productos a destinos diferentes a los originalmente planeados porque las cadenas de distribución son más bien rígidas y muy poco adaptables”.

Solo en leche, los agricultores han tirado 3.7 millones de galones de leche al día. En cuanto a los huevos, han sido destruidos más de 750.000 a la semana.  Y en lo que a la fruta y verdura respecta, toneladas de ellas han sido aplastadas por los productores para, en vez de darle su fin principal, utilizarlas como fertilizantes en próximas producciones.

Para frenar esta situación, diferentes organizaciones de agricultores han pedido al gobierno estadounidense medidas urgentes para que los productos puedan llegar a los más desfavorecidos.

Entre las propuestas planteadas, los granjeros han propuesto que sean ellos mismos los que trasladen los alimentos a los bancos de comida y que estos hagan efectivo el reparto. También han propuesto que puedan vender, sin intermediarios, sus productos.

Hasta el momento, el Departamento de Agricultura estadounidense ha confirmado que se encuentra trabajando en un proyecto para evitar el auge de la pobreza en el país y para frenar la pérdida de alimentos frescos, pero aún no ha sido puesto en marcha.