Nueva Zelanda, el país más estricto contra el coronavirus

“Eliminar la curva y no aplanarla”. Esta es la medida que ha tomado la primera ministra neozelandesa, Jacinda Andern, para combatir la pandemia del coronavirus.

A finales de marzo, el país, como el resto del mundo, sufría la llegada de la enfermedad que, por el momento, ha afectado a más de mil personas. Sin embargo, en los últimos días se ha visto un claro descenso de contagios y, lo que es más sorprendente, en este país oceánico, donde viven casi 5 millones de personas, se han reportado apenas cuatro fallecimientos por Covid-19.

Aunque el resto de países ha tomado medidas estrictas para cortar el brote de la pandemia, Nueva Zelanda ha observado lo que pasaba en el resto del mundo, ha tomado nota y ha ido más allá.

La laborista Andern no siguió el discurso del resto de gobernadores de “aplanar la curva”, ella optó por “eliminar” la enfermedad. Pero ¿cómo?

ELIMINAR Y NO MITIGAR 

Mientras el resto de países consideran que es mejor imponer nuevas normas a medida que evoluciona la pandemia, el gobierno de Nueva Zelanda eligió por dar un golpe en la mesa desde el primer momento, es decir, empezó con medidas restrictivas severas desde el comienzo.

Para ello, se puso en cuarentena a todos aquellos viajeros que llegaban al país desde el extranjero desde mediados de marzo, y, días más tarde, se decretó el cierre total de las fronteras.

Andern impuso “la restricción más estricta a los movimientos en Nueva Zelanda en la historia Moderna” cuando, el 23 de marzo, estableció la prohibición de salir de casa, excepto para comprar víveres y medicinas o, por su parte, hacer ejercicio alrededor de la vivienda. En las calles solo pueden estar aquellos que lleven a cabo actividades laborales esenciales.

El Gobierno, a pesar de repetir en reiteradas ocasiones a través de los medios de comunicación la necesidad de quedarse en casa, también manda un mensaje de texto de alerta a los teléfonos móviles de sus habitantes en el que se puede leer: “Actúe como si tuviera Covid-19. Esto salvará vidas”.

Esta es una de las estrategias de las autoridades, que la comunicación sea clara y el mensaje llegue a absolutamente todo el país. Mediante esta técnica, también aprovechan para incidir en la importancia de la higiene y de cumplir la distancia social establecida.

Además, la disposición de pruebas generalizadas para la detección rápida del virus, el aislamiento y rastreo eficaz de los que han tenido contacto con el contagiado, también han hecho que el brote sea mucho menor en Nueva Zelanda.

PLAN EXITOSO, POR AHORA

Hace unos días, la primera ministra daba un discurso donde afirmaba que “estamos dando un giro” y que “nuestro plan está funcionando”.

Los kiwis (como se les dice de forma popular a los neozelandeses) están manteniendo una actitud responsable durante este estado de alarma y, por el contrario, los que no cumplen las normas establecidas, en muchas ocasiones son denunciados por los propios ciudadanos ante la policía.

Es curioso que, uno de los que se han saltado las medidas impuestas por el Gobierno, haya sido el propio ministro de Salud, David Clark, quien después de quebrar la cuarentena para irse a la playa con su familia, se denominó a sí mismo como un “idiota” y presentó una inmediata dimisión.

Como en cualquier parte del mundo, estas medidas restrictivas, también conllevan un impacto económico para el país oceánico. Para reducirlo, el Gobierno ha suspendido el pago de las hipotecas, se han impulsado programas de apoyo para empresas y trabajadores y se ha enviado ayudas a las personas con bajos recursos para que puedan acceder a Internet y a canales de televisión que emiten programas educativos.