La “fiebre de la cabaña”: consecuencias del confinamiento

El origen exacto del término no está claro, aunque empezó a utilizarse en el siglo XX para poner nombre a lo que sentían las personas que vivían al norte de Estados Unidos y Canadá, cuando se encerraban en sus casas debido a las oleadas de frío durante la época de invierno.

Hoy, no es el frío quien obliga a una cuarta parte del mundo a permanecer en casa, sino la pandemia del coronavirus. Sin embargo, ambos casos obligan a un aislamiento social prolongado y a un confinamiento forzoso que, a la larga, pueden afectar seriamente a la personalidad del individuo.

“SUBIRSE POR LAS PAREDES”

El término conocido como “Cabin Fever” ha llegado incluso hasta la literatura y los cines. En El Resplandor de Stephen King, para el protagonista, caracterizado por Jack Nicholson, la soledad y el aislamiento que le producen vivir en un hotel solo con su mujer y su hijo hacen que cambie por completo su personalidad, hasta convertirse en el propio enemigo.

El doctor y profesor emérito de la Universidad de Minnesota, Paul Rosenblatt, explica a BBC News Mundo que durante los años 80 realizó un estudio en este estado para profundizar sobre este concepto.

Las personas solían tener las mismas sensaciones: aburrimiento, irritabilidad, desasosiego o insatisfacción, entre muchas otras. Es decir, lo que actualmente muchos describirían con el término informal de “subirse por las paredes”.

Para muchos expertos, la fiebre de la cabaña está estrechamente relacionada con el Trastorno Afectivo Estacional (SAD) o la claustrofobia.

NO ES IGUAL PARA TODOS 

Aunque no es un diagnóstico categorizado por los profesionales, todo parece apuntar a que el aislamiento es una de los motivos por los que aparece la fiebre de la cabaña.

Pero sería un error afirmar que todos sienten lo mismo en este estado. Por ejemplo, con el confinamiento actual, hemos podido ver que no lo pasa igual una persona que vive en un piso pequeño y cuya única ventana da a un patio interior, que otra persona con jardín o una zona habilitada para disfrutar del aire libre.

Tampoco es igual para un individuo activo, que necesita hacer ejercicio físico a diario, que para aquel que no tiene este tipo de hábitos.

Lo que sí es cierto es que el sujeto que sufra estas sensaciones de irritabilidad, impaciencia, mal humor y frustración, puede transmitirlas al resto de personas que vivan con él.

CÓMO EVITARLO 

En estos tiempos de coronavirus, son muchos los que permanecen en casa día a día sin poder ir a trabajar. Otros, por su parte, siguen haciéndolo mediante el teletrabajo, que, a su vez, permite llevar una rutina algo más establecida.

Los expertos recomiendan el contacto por teléfono con las personas más cercanas, ya que es una forma de no aislarse del todo. Además, la rutina, contra todo pronóstico, se ha convertido en una salvadora. Tener hábitos diarios fijados nos ayudará a alejarnos de sentirnos desorientados.

Por otra parte, quizás también es momento de hacer lo que no podemos en un estado normal: empezar cursos, retomar o comenzar hobbies, leer, etc., lo importante es que la mente siga activa.  Sin embargo, no hay mens sana sin corpore sano, por lo que es imprescindible, y más en estos días en los que apenas nos movemos, hacer un poco de ejercicio en casa y liberar la tensión que mantenemos en el cuerpo, además de intentar comer lo mejor posible.