Villas Miseria: la pobreza pesa más que el coronavirus

El horror se cierne sobre una de las zonas más pobres de toda Argentina.

Más de un millón de personas viven en las llamadas Villas Miseria, la zona de asentamientos humanos (como define Naciones Unidas) más humilde de todo el país, en unas condiciones infrahumanas a la que ahora se le suma el aislamiento decretado por el gobierno argentino.

En Buenos Aires, hay cerca de 700 villas de este tipo en donde vivir y convivir se hace una tarea casi imposible a diario, pero ahora, con el coronavirus azotando al país, el desafío se entiende con un acto tan elevado como heroico.

El coronavirus ha dejado en Argentina 1.054 contagiados y 28 fallecidos, unas cifras que conforme iban aumentando, obligaron al presidente argentino, Alberto Fernández, a decretar el confinamiento de la población que en los últimos días se ha alargado hasta el próximo 14 de abril. 

Mantener el aislamiento en lugares como las Villa Miseria en las condiciones impuestas por el gobierno es algo prácticamente imposible.

Villas Miseria es sinónimo de pobreza extrema, de alarma sanitaria, de escasez, de necesidad y de penuria. 

Este escenario tan devastador hace que el desamparo de las villas en una crisis sanitaria como la provocada por el coronavirus sea aún más perceptible.

¿Cómo es sobrevivir en un lugar como las Villas Miseria? ¿Es la pobreza un enemigo peor que el propio Covid-19?

HACINADOS Y EMPOBRECIDOS

Las Villas Miseria de Argentina llevan activas desde 1991, y hasta la fecha, según un informe del Observatorio de la Deuda Social en Argentina, la población de una de las zonas más pobres del país se ha multiplicado por cinco. 

Quintuplicar la tasa poblacional en una zona como esta supone un aumento de otras cuestiones nada recomendables para las personas, como por ejemplo, la falta de alimento, de espacio para vivir, el incremento de la insalubridad y también de la posibilidad de contagio en caso de que aparezcan brotes de enfermedades como el caso del COVID-19.

Sin embargo, el anuncio de la prolongación del aislamiento de los argentinos para frenar el contagio en el país, ha supuesto que en lugares como Villas Miseria cumplir con la cuarentena sea imposible.

Los habitantes de esta zona viven hacinados en un espacio que cada día acoge a más personas debido a la crisis económica que sacude al país con especial  fuerza tras la llegada del coronavirus. En muchos de los casos, en una misma habitación viven 7 personas.

En lo que a la alimentación respecta, al no tener ingresos, comprar comida se convierte en una odisea, y si hay gente que la vende, los precios de ella son tan elevados que la gente prefiere no comer.

Las condiciones sanitarias tampoco son las mejores. Muchas de las villas no tienen agua ni luz, ni tampoco cuentan con jabón o métodos sanitarios que les permita mantener una situación higiénica para frenar o evitar el contagio.

Mantener la distancia reglamentaria y, por lo tanto, cumplir la cuarentena, es misión imposible. 

Ante el incremento de la pobreza y de una situación que se vuelve cada vez más insostenible con el paso de las horas, el Ejército argentino ha comenzado a distribuir paquetes de comida y camas hasta las Villas Miseria para intentar desahogar el cinturón de pobreza y mejorar la vida de los habitantes de este complicado lugar.

Asímismo, debido al alto riesgo de desbordamiento al que se enfrenta la zona, los cuerpos de seguridad han desplegado alguna de sus tropas para establecer un mayor control y evitar desgracias en un futuro no muy lejano.

En este caso, para los habitantes de las Villas Miseria, la pobreza es peor enfermedad que el propio coronavirus.

VILLA 31: LA ESCENIFICACIÓN DEL HORROR

La Villa 31 de Retiro es quizás una de las que más preocupa por la cantidad de gente que vive en ella, y por la condición de villa de emergencia que tiene desde hace ya varios años.

Es aquí donde se extiende el mayor temor ante el impacto de la pandemia puesto que, aunque se han clausurado los principales puntos de encuentro social, como las canchas de fútbol o las plazas para evitar contagios, más de 30 mil personas viven en la Villa 31 y aún se observa mucho movimiento en las calles y pasillos de esta zona, como informan diarios nacionales como Clarín.

Además del coronavirus, debido a las condiciones de insalubridad de este punto de Buenos Aires, muchos habitantes temen que se puedan producir brotes de otras enfermedades como el dengue. 

Esta preocupación ha hecho que la Ciudad intensificase las tareas de desinfección para evitar que se produzcan nuevas infecciones en medio de la crisis por el coronavirus.