Eyam o cómo anticiparse al coronavirus

El coronavirus sigue sembrando el caos allá por donde siembra su virulencia en forma de contagio.

Si bien es cierto que cada día se contabilizan nuevos casos de personas que dan positivo en Covid-19, hay muchos sitios que consiguen zafarse las garras de este poderoso virus o que, por el contrario, identifican casos muy concretos y aislados.

Este es el caso de un pequeño pueblo de Inglaterra ubicado entre Chesterfield y Buxton, en el condado de Derbyshire.

Este pueblo se ha convertido en todo un referente en la lucha contra el coronavirus después de que en Eyam – así es como se llama el lugar – hayan conseguido anticiparse al virus tras conocerse que uno de sus habitantes haya dado positivo.

Un único positivo en coronavirus ha sido la gota de prevención que necesitaban en este pueblo para imponer en su territorio unas medidas que le salvaron hace 350 años cuando Inglaterra pasó uno de sus peores y más mortales momentos: la peste negra.  

CONFINAMIENTO VOLUNTARIO

Cuando se produjo el estallido de la peste negra, esta pequeña aldea británica fue el ejemplo de un modélico estado de organización social para combatir el impacto de esta epidemia que apareció en Gran Bretaña en el año 1665.

La peste bubónica atacó sin piedad a este pueblo dejando un total de 260 fallecidos aun cumpliendo unas estrictas medidas que, sin duda, evitaron muchas más muertes de las que pudieron haber sido contabilizadas.

Pese a que la peste mató a más de 100.000 personas en Londres, debido al alto número de personas que murieron a causa de este enfermedad, Eyam es también conocida como ‘la aldea de la peste’. 

 

La peste bubónica atacó sin piedad a este pueblo dejando un total de 260 fallecidos aun cumpliendo unas estrictas medidas

 

Sin embargo, la pregunta que muchas personas que no saben de la historia de este pueblo es cómo consiguieron que el número de fallecidos fuera «bajo» en relación a la letalidad de la peste. 

Los habitantes de Eyam tomaron la decisión de autoimponerse un confinamiento absoluto mientras durase la epidemia que marcó un antes y un después en la vida de la aldea británica.

Pero este confinamiento no fue un asilamiento cualquiera. Los ciudadanos de Eyam estuvieron un año y dos meses confinados en sus casas hasta que se confirmase que la existencia de la peste bubónica era historia. Una historia que, sin saberlo, ellos mismos escribirían.

Para no morir infectados por la peste, pero para tampoco morir de hambre y sumirse en la pobreza, la modélica forma de organización que emplearon los ciudadanos de Eyam pasó por acordar con los proveedores de alimentos que estos quedasen en el límite de la aldea y, de esta forma, no habría forma de entrar en contacto con alguien que pudiera estar infectado de peste bubónica pese a estar bajo estas estrictas medidas de confinamiento.

ANTICIPARSE AL PELIGRO

Hoy, 350 años más tarde, la sorprendente capacidad de mantener la peste bubónica le ha dado a los 1.000 habitantes de Eyam las claves para anticiparse a la llegada del coronavirus y también le ha permitido conocer cuáles son los métodos más efectivos para evitar – o al menos retrasar – el impacto del Covid-19.

Desde que se confirmase que el párroco de la iglesia de la aldea había dado positivo en coronavirus, Eyam puso en marcha un protocolo anticoronavirus que ha sido llevado a raja tabla.

Eyam es un punto turístico muy importante en Inglaterra. Al año reciben unos 30.000 visitantes que dejan una gran cantidad de ingresos en el pueblo, pero, también hay que tener en cuenta que esto no ha sido un impedimento para que, mientras dure el coronavirus, quede prohibida la entrada a esta aldea.

Gran parte de los habitantes de Eyam superan los 70 años, lo cual los convierte en uno de los grupos de riesgo que deben protegerse del Covid-19, y por eso, desde la alcaldía de Eyam han decidido clausurar el pueblo hasta nueva orden.

Restaurantes y parques cerrados, comercios abiertos solo para lo indispensable y calles fantasma son los protagonistas que escenifican la actuaL situación que atraviesa Eyam, que por segunda vez en su historia, vuelve a hacer del confinamiento absoluto su mejor arma de combate.