Moria: ser refugiado en tiempos de coronavirus

En Grecia, la isla de Lesbos esconde uno de los peores lugares que existen sobre la faz de la tierra.

Es, quizás, uno de los puntos del planeta que las autoridades prefieren obviar por las condiciones infrahumanas en la que viven los miles de inmigrantes que, por cuestiones varias, han tenido que hacer del campo de refugiados de Moria, su casa.

El campo de refugiados de Moria es, sin lugar a dudas, uno de los peores sitios en los que puede recalar un ser humano.

Está considerado el mayor campo de refugiados de Europa, un espacio de insalubridad en el que viven hacinadas más de 20.000 personas, cuando el enclave está destinado para albergar, como mucho, a 2.500 personas.

Un secreto a voces es también que, debido a las condiciones sanitarias y a la vulnerabilidad de Moria, si el coronavirus llegara al paupérrimo lugar, la catástrofe estaría asegurada. 

Grecia suma 743 personas contagiadas por el COVID-19 y se han contabilizado 20 muertes.

Sin embargo, el peor de los presagios se cumplió hace tres días cuando el gobierno griego confirmaba la terrible noticia: el campo de refugiados de Moria tiene 3 lugareños infectados por coronavirus. 

La bomba sanitaria más potente de la Unión Europea está a punto de explotar. 

UNA BOMBA SANITARIA A PUNTO DE ESTALLAR

Mientras que los Gobiernos y entidades gubernativas suspenden todas las actividades necesarias para frenar el impacto del coronavirus con las medidas sanitarias pertinentes, en el campo de refugiados de Moria tomar estas decisiones es imposible.

La doctora Hilde Vochten, coordinadora de Médicos sin Fronteras en el espacio griego, advierte que «refugiados, migrantes y solicitantes de asilo no tienen más opción que vivir en un espacio muy reducido», y añade » debemos ser realistas: sería imposible contener un brote en campos como este porque no hemos visto un plan de emergencia verosímil para proteger y tratar a las personas que viven allí en caso de brote»

«Sería imposible contener un brote en campos como este porque no hemos visto un plan de emergencia verosímil para proteger y tratar a las personas que viven aquí, o en cualquier otro campo, en caso de brote», apunta Votchen.

Debido a la alta ocupación que existe en Moria, también se hace una tarea imposible poder mantener las distancias de seguridad recomendadas por la Organización Mundial de la Salud.

La población del campo supera en seis veces su capacidad, las condiciones higiénicas son atroces, y las ONG’s han calificado este lugar como la «vergüenza de Europa».

Para los habitantes de Moria, combatir una pandemia hacinados y en la situación de vulnerabilidad extrema en la que se encuentran, es una guerra perdida.

INSALUBRIDAD Y CONDICIONES INFRAHUMANAS

La situación de insalubridad y las condiciones infrahumanas en las que viven los migrantes en Moria es la cuestión principal que puede provocar que un brote de COVID-19 acabe con la mayor parte de los refugiado del campo griego.

El escenario es atroz: en algunas partes del campo de Moria solo hay un grifo de agua por cada 1.300 personas y no hay jabón, familias de hasta 6 componentes conviven en espacios de 3 metros cuadrados con otras de igual número de componentes, hay un baño para 170 personas y una ducha para cada 250. 

La evacuación de los campos es más urgente que nunca.

CIERRE DE CAMPOS Y NUEVOS CENTROS

Mientras que la Unión Europea ayuda a Grecia a preparar un «plan de urgencia» para frenar la expansión del coronavirus, el gobierno griego ha anunciado que cerrará los campos de refugiados en las islas con el objetivo de atajar la saturación de los campos, donde se hacinan miles de personas.

Sin embargo, la verdad es bien diferente porque tanto la policía como las organizaciones han preferido confinar el campo de Moria ante la creciente expansión del COVID-19 en Grecia.

Además, todas las solicitudes de asilo han quedado paralizadas y el peligro en campos de refugiados como el de Moria es máximo.

Las organizaciones que defienden los derechos humanos avisan: la situación está a punto de convertirse en un acto criminal, y si no se soluciona con rapidez, la culpa no será toda del coronavirus.