Israel, en guerra contra el coronavirus

Israel ha mostrado una faceta a la que el mundo está muy poco acostumbrada.

Con el estado de emergencia declarado, y en plena guerra entre el país y la franja de Gaza, era casi impensable pensar que toda la comunidad israelí iba a cerrar filas en torno a un mismo enemigo: el coronavirus.

No hay rastro de la guerra en un pueblo en el cual las armas, el terror y las muertes están a la orden del día.

El decreto del estado de emergencia no está relacionado, en esta ocasión y por increíble que parezca, por un conflicto bélico, sino por la llegada, expansión y fuerza del COVID-19.

Un enemigo “peor que la guerra”, como apuntan muchos ciudadanos de la capital de Israel, Jerusalén, que vive sus horas más bajas a causa del cierre y confinamiento masivo provocado por el virus chino.

Israelíes y palestinos han dejado, momentáneamente, sus diferencias de lado y, si la organización y la colaboración funciona como esperan, quizás el coronavirus podría sentar un precedente histórico que tendría como resultado final un hipotético tratado de paz que pondría fin a meses de continuas desgracias en el país.

Un muerto, superviviente del Holocausto, y  1.656 contagiados son las cifras que manejan y comparten desde el gobierno israelí. Estos datos han sido suficientes ara que la conocida como Tierra Santa ponga en marcha un plan estratégico para luchar contra el mortífero patógeno.

En Israel lo tienen claro: hay que acabar con la dictadura del coronavirus.

JERUSALÉN, LA CIUDAD FANTASMA

Diversos medios locales de la ciudad de Jerusalén recogen el estupor generalizado que existe en torno a la ciudad fantasma en la que ha mutado la capital de Israel después de que el gobierno recomendase el confinamiento de la población debido al incremento de casos de COVID-19 en los últimos días.

Los lugares más icónicos de la ciudad han pasado de ser la principal fuente de ingresos del país a convertirse en una cárcel en la que apenas transita la gente, con decenas de comercios cerrados y con las visitas restringidas únicamente para comprar los bienes de primera necesidad.

El Gobierno israelita ha promovido unas fuertes medidas de seguridad y confinamiento por el bien poblacional y se encuentran valorando nuevas medidas de aislamiento, pero esto no es lo que necesita la comunidad israelí que se muestra angustiada ante la crisis económica a la que tendrán que hacer frente.

El diario Religión Digital recoge algunos de los testimonios de los habitantes de la capital quienes aseguran que “es peor el coronavirus que la guerra”, llegando incluso a hacer referencia a la Intifada como un período mucho mejor y menos negro que el provocado por el coronavirus.

El cierre de mezquitas ha supuesto un antes y un después en la ciudadanía del país. La religión es un elemento intocable para la mayoría de la población, quien asegura que “la cancelación de las celebraciones religiosas implica un duro golpe psicológico”. 

Es un duro golpe psicológico porque, si no pueden rezar en los espacios habilitados para esta práctica y tampoco pueden salir de sus casas, la suma de ambas situaciones deriva en una situación de vulnerabilidad, como recoge la AFP.

 

A este panorama social se le suma la notificación por parte del gobierno israelí de diferentes medidas, propias de un estado de emergencia. El Ministerio de Educación ha confirmado el cierre de centros educativos, ha impuesto la separación de seguridad de dos metros, el aislamiento domiciliario y la imposibilidad de separarse de sus domicilios en un radio de 100 metros. El transporte público también ha quedado cerrado en su totalidad.

¿ALTO AL FUEGO EN LA GUERRA?

La unión hace la fuerza. Esta es la máxima que han adoptado los combatientes israelitas y palestinos en torno al enemigo invisible: el coronavirus.

Esta posición conjunto abre una vía de esperanza a todos aquellos que confían en que la colaboración entre ambas comunidades abra nuevos caminos de comunicación para establecer un alto al fuego en el conflicto bélico.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) confirmó que Gaza no está preparada en ninguno de sus niveles para hacer frente a una pandemia tan agresiva como la del coronavirus.

No cuentan con las infraestructuras sanitarias óptimas para luchar contra un brote de coronavirus, tampoco con las camas suficientes para atender a los contagiados, y ni hablar de la evidente falta de medicamentos necesarios para poder tratar la enfermedad.

Es por este escenario tan poco favorecedor por lo que Israel y la Franja de Gaza se han dado cuenta que, ni uno ni otro, pueden hacer caso omiso a la emergencia sanitaria que les acecha cada día más de cerca.

Esta afirmación de la OMS ha fortalecido la coordinación entre Israel y la Autoridad Palestina en Judea y Samaria, y será quizás esta necesidad mutua de ayuda la que pueda terminar con un acuerdo de paz que ponga fin a una guerra muy dilatada en el tiempo.