Haití y el coronavirus: una batalla de tantas

Haití parecía el único país de América Latina, junto a Belice, en librarse de la pandemia del Covid-19.

El presidente de la república, Jovenel Moïse, confirmaba este jueves los peores temores: el coronavirus ha logrado, una vez más, traspasar fronteras y se ha instalado en Haití con al menos dos personas infectadas. Uno de ellos, un haitiano de 31 años que acababa de regresar de París y, el otro afectado, un voluntario belga en la capital, Puerto Príncipe. 

Desde que se conoció la noticia, el Gobierno decretó el estado de emergencia para intentar frenar su expansión. «Las escuelas, centros de formación profesional y las universidades estarán cerradas desde este viernes. El gobierno declara un toque de queda en todo el territorio nacional entre las 20:00 horas y las 5:00, a partir de este viernes», anunció Moïse desde el Palacio Nacional.

De la misma manera, se han prohibido las reuniones de más de diez personas y se ha aconsejado que se mantenga la distancia entre las personas para evitar los contagios.

Ahora mismo, el país solo permite los vuelos a Estados Unidos, ya que el Gobierno ha prohibido los vuelos de Europa y de Latinoamérica. Asimismo, ha cerrado la frontera terrestre con su país vecino, República Dominicana, en donde el coronavirus se ha cobrado la vida de al menos dos personas y hay más de treinta personas contagiadas.

POBREZA

Lo cierto es que muchos temen que el coronavirus haga una mella preocupante en el país, al igual que en el continente africano, ya que la República de Haití, con más de once millones de habitantes, se posiciona como una de las zonas más pobres y con menos recursos de América.

Un alto porcentaje de la sociedad del país caribeño vive en condiciones de extrema pobreza. Antes de la llegada del Covid-19, ya muchos ya vivían hacinados, sin agua potable y jabón, y, lo que es peor, la desnutrición es familiar y cotidiana dentro de sus fronteras, un 22% de niños menores de 6 años pasan hambre.

Esto y las escasas condiciones sanitarias, convierte a la mayor parte de la población haitiana en vulnerable ante la llegada de la pandemia.

El país afronta una nueva batalla, que no es más que una extensión de tantas tragedias que ya carga a sus espaldas desde hace décadas.

LA MAYOR CATÁSTROFE NATURAL

El país tampoco se ha librado de la crueldad de la naturaleza. El pasado 12 de enero se cumplían 10 años del terremoto de Haití, la mayor tragedia natural en lo que va de siglo.

Más de 300.000 muertos, más de 400.000 afectados y una imagen: desolación absoluta.

El mundo se volcó en ayudar al país después de la catástrofe y se llegaron a recoger millones y millones de dólares en donaciones para la reconstrucción del país. A día de hoy, los haitianos siguen sin ver ese dinero.

La corrupción política ha creado un descontento generalizado en la población, lo que ha empujado a los ciudadanos a salir a la calle y protestar. El ambiente dentro del país parece no encontrar la calma por ningún lado.

SIDA, CÓLERA Y TUBERCULOSIS

Haití no encuentra respiro. De la zona caribeña, es el país con más casos de sida, aunque, mucho antes de que contase con esta epidemia, ya tenía otro gran enemigo instalado: la tuberculosis.

Aunque son dos causas independientes que provocan un gran número de fallecidos, la infección causada por el VIH es un factor para el desarrollo de la tuberculosis.

Por su parte, desde 2010 hasta 2018, murieron por el brote epidémico de cólera más de 9.000 personas y afectó a centenas de miles de personas en Haití.

El cólera es del único mal del que se ha podido librar un país, donde parece que la muerte ha decidido acomodarse sin ningún tipo de compasión.