Casado se apoya en Arrimadas para fulminar a Alonso

No parecía tan equivocada Cayetana Álvarez de Toledo cuando, con una sensibilidad de piedra, recriminaba la supuesta actitud templada de los populares vascos con el foralismo y con la ‘convivencia’ política en el País Vasco con los nacionalistas, a pesar de que en aquél momneto parecía navegar con un ingenuo rumbo en solitario. La misma que le dio a Aznar la mayoría suficiente, con la ayuda de Pujol, en 1996, aunque en aquél caso ya explicó Arzallus, tan prosaico, aquello de que le había arrancado a Aznar en quince días los mismo que a González en quince años.  Menudo precedente.

Pero la nueva generación desprecia a los que sostuvieron en tiempos difíciles la bandera del PP en tierra hostil. Da igual el coste, da igual lo que finalmente sucede. Se fue Samper y se irán otros muchos. Es el adanismo de Casado, el de la nueva política popular que se basa en el acercamiento a la extrema derecha y en la absorción de los escasos restos de Ciudadanos y tejer una coalición de intereses basada en la escueta búsqueda del poder. Los de Arrimadas, diezmados por su propia falta de identidad y su ausencia absoluta de principios, se subastan en el nuevo PP por un par de puestos sobre la trayectoria impecable de los que resistieron a la violencia y conquistaron un espacio de dignidad en una sociedad que había vivido en la anormalidad.

Detrás de los gestos soeces y del postureo de Arrimadas – conocida en las redes como la monta pollos por su costumbre de acudir a donde puede ser recriminada – se encamina hacia el PP un nuevo bloque político sin principios basado en el apetito insaciable por el poder. Casado, al tiempo que integra a los arribistas de Ciudadanos se deshace de los que no le apoyaron con entusiasmo y culto a la personalidad, aunque hayan sido discretos y prudentes. Alonso es entregado en el altar del tiempo nuevo.  El de Cayetana, Arrimadas y Abascal, la extrema derecha sin complejos.