«La mañica» que hizo explotar una fábrica nazi

Natural de Magallón (Zaragoza), Elisa Garrido fue una de esas figuras inolvidables, de las que luchan por la libertad en tiempos donde la cólera reina en cada esquina. Sin embargo, «La mañica» -como la llamaban- a pesar de haber hecho frente a dos guerras, sigue siendo una desconocida para muchos en nuestro país, pero su historia es conocida gracias a asociaciones como AFAAEM (Asociación de Familiares y Amigos de los Asesinados Enterrados en Magallón).

«La mañica» o «Françoise»

Estaba afiliada a la CNT en Barcelona y, allí, trabajaba sirviendo a una familia adinerada. Fue miembro de las milicias libertarias que salieron de la ciudad donde estaba afincada, por lo que intentó, junto a sus compañeros, que Zaragoza fuera liberada de la mano de los sublevados cuando explotó la guerra civil española.

Tiempo más tarde, Elisa Garrido, como otros muchos miles de españoles, cuando estalló la batalla del Ebro, tuvo que exiliarse y cruzar los Pirineos para llegar a Francia.

Una vez allí, ella y su pareja, Marino Ruiz, se instalaron en la ciudad francesa de Toulouse, donde les pilló de lleno la Segunda Guerra Mundial.

Quien lucha por la libertad, lo hace en su país y en otros. La pareja siguió ayudando a los exiliados españoles y, también, se unieron a la Resistencia contra los nazis en el país galo. Fue allí donde se ganó su apodo «La mañica» o se le conocía con su nombre de guerra, «Françoise».

TORTURAS Y CAMPOS DE CONCENTRACIÓN

Por sus labores a favor de la Resistencia, fue detenida en 1943 por la Gestapo -policía secreta de la Alemania nazi- y, a partir de ahí, Garrido tuvo que enfrentarse a numerosos interrogatorios y torturas.

Un esfuerzo por parte de los policías totalmente en vano, ya que la miliciana, a pesar de estar encarcelada e incomunicada durante varias semanas, jamás delató a la organización a la que servía.

Sin soltar prenda, fue trasladada a una cárcel parisina y, después de pasar también por Copiègne, la condujeron en un convoy, junto a casi mil mujeres, hacia el campo de concentración de Ravensbrück, al norte de Alemania.

LA FÁBRICA NAZI POR LOS AIRES

Su estancia en este campo de concentración de mujeres no sería muy larga, pues poco después la destinaron como esclava de guerra en una fábrica de obuses, el Kommando Hasag, en el campo de Buchenwald, en Leipzig. Allí, «la mañica» realizó la hazaña por la que sería recordada.

En esta fábrica, donde elaboraban armamento de guerra para los nazis, había más españolas. Se han podido conocer algunos de los testimonios gracias a las diferentes organizaciones que trabajan para darles voz. Es el caso de Neus Catalá, quien compartió trabajo en la fábrica con Elisa:

[…] “allí me pusieron en un trabajo verdaderamente durísimo, en una máquina de obuses, obligándome a hacer 7.000 diarios. Como no podía trabajar, porque no comía, dejé de hacer los 7.000 obuses, entonces vino la Aufseherin y empezó a golpearme con una vara que llevaba –una verga-, empezó a darme vergajazos y como vio que del suelo tampoco me levantaba ni a fuerza de vergajazos, fueron y me llevaron al hospital. Y, para ver si conseguían reanimarme, me dieron algo de beber y al ver que no había nada que hacer me llevaron al hospital provisional”.

 -Neus Catalá-

En uno de sus intentos de sabotaje, Elisa se las ingenió para explotar una parte de la fábrica, dejando algo de carga explosiva en las bombas que estaban defectuosas, de manera que, cuando estas bombas volvían a las máquinas, generaron un fuerte estallido.

Poco después, fue devuelta al campo inicial de Ravensbrück y no sería hasta meses más tarde cuando llegaría de nuevo a Francia, pues tuvo que pasar primero por Frankfurt, Dinamarca y Suecia, donde fue finalmente liberada y se pudo rencontrarse con su marido.

ENTRE FRANCIA Y ARAGÓN 

Siguieron viviendo durante un tiempo en el exilio, hasta que en la década de los 50, la pareja decidió volver a Aragón. No obstante, no sería su residencia definitiva, ya que sus negocios no prosperaron.

Volvieron a Francia, donde tuvieron una vida mucho más solventada gracias a las indemnizaciones que recibieron por parte del gobierno francés y del alemán. Allí, las hazañas de «la mañica» fueron reconocidas por los franceses, por lo que se le concedieron dos condecoraciones: la Legión de Honor francesa y el grado honorífico de Teniente de la Resistencia.

En su país natal, por su parte, parece ser que el único que lucha por el reconocimiento de su figura es Magallón, la localidad donde nació una heroína injustamente desconocida, y donde se puede ver en una de sus calles la placa con su nombre.