El futuro más presente de Isaac Asimov

Paradójicamente, lo único que necesitó el hombre al que le maravillaba la tecnología y los robots para ser un genio de la ciencia ficción, fue a él mismo y a una máquina de escribir. Además, y a pesar de que se cumplan 100 años de su nacimiento, fue, lo que se dice, un hombre adelantado a su época. No por escribir sobre tecnología, sino por adivinar cómo sería el futuro, es decir, el presente que hoy vivimos.

QUÍMICA Y PULP

Nació en Rusia en una familia ortodoxa judía. Cuando tenía tres años, sus padres y él se mudaron a Nueva York (EE.UU.), por lo que, en realidad, nunca llegó a hablar su lengua natal y tampoco tuvo la misma creencia religiosa que sus padres.

Se asentaron en Brooklyn, donde su padre tenía una tienda de caramelos, que también vendía revistas, algunas de ciencia ficción. En ese momento, el pequeño Asimov se empezó a interesar por el mundo científico y tecnológico.

Comenzó a estudiar bioquímica en la Universidad de Columbia -donde también de doctoró-, mientras escribía pequeños relatos de ciencia ficción que se publicaban en las revistas llamadas pulps.

El que también fuera un apasionado de la historia antigua, se coronó en el mundo de la novela y el de la ciencia ficción por obras como Fundación, El hombre bicentenario -por el que se ganó los premios Nébula y Hugo- o Yo, Robot. Quizás, esta última obra es la más conocida actualmente por la adaptación cinematográfica que hizo Alex Proyas en 2004, y que protagonizó Will Smith.

LEYES DE LA ROBÓTICA

En esta saga, y como el propio título indica, Asimov habla sobre uno de sus temas predilectos: los robots. El desarrollo de la tecnología y la industrialización masiva le dieron a pensar al escritor que, en un futuro más próximo que lejano, los hombres serían sustituidos por máquinas por una razón que no dudó en afirmar:

“Los robos harán los trabajos que hacen los hombres porque no usamos el ceberebro”

De la misma manera, y adivinando el posible peligro que supondría que los robots sustituyera a los humanos, se aventuró a dictar tres leyes de la robótica:

  1. Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por el contrario, o permitirá que un ser humano sufra daño.
  2. El robot debe obedecer las órdenes dadas por el ser humano, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la primera ley.
  3. Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con las leyes anteriores.

CAMBIO CLIMÁTICO

En 1983 en The Toronto Star, Asimov publicó un artículo en el que exponía como creía que iba a ser el año 2019, pero ¿por qué eligió el 2019? Por una simple razón: George Orwell publicó su obra 1984 en 1949, es decir, 35 años antes, al igual que Asimov este artículo.

En cualquier caso, a lo largo del texto se hace una serie de profecías de lo que podría pasar este año y, cómo no, el genio de la ciencia ficción vio la realidad más nítida que cualquiera a su alrededor.

Una de las ideas que manifestó fue la del cambio climático y todos los problemas que traería. A pesar de que manifestó que en lugar de calentarse, el planeta se enfriaría, Asimov predijo que el hombre tendría que cambiar algunos aspectos de su vida para revertir el cambio. En cierto modo, no se equivocó: el reciclaje, el uso del coche eléctrico o la utilización de menos plásticos son actos que están a la orden del día para dejar de dañar el planeta.

FEMINISMO

La superpoblación era un tema que le preocupaba profundamente al escritor e historiador. En una de sus entrevistas llegó a asegurar que si, tristemente, no se le quitaba el papel a la mujer de tener que estar en casa cuidando a los niños, a la familia y haciendo las tareas domésticas, difícilmente la población dejaría de crecer. En esta conversación, Asimov articuló un alegato feminista:

“Mi mensaje es que la mujer del siglo XXI no tiene por qué vivir sujeta a los embarazos, la guardería, la escuela, ni dedicar casi todo su talento y esfuerzo a criar hijos. Si permitimos que tenga un lugar igual al del hombre en las principales actividades del planeta, ella misma elegirá reducir el número de hijos”

SU PARTE DE GALAXIA 

El hombre que imaginaba un mundo más allá del Planeta Tierra consiguió, de alguna manera, estar allí fuera, en la soñada galaxia. No porque él fuese al espacio, pues le daba pudor montarse en un avión, menos lo iba a hacer en un cohete. En 1891, el mundo espacial le rindió un homenaje poniéndole el nombre Asimov a un asteroide (el número 5020). De esa manera, una parte de una realidad con la que soñaba el hombre de patillas infinitas, ya era un poquito suya.