El interminable sarampión

Debía estar totalmente eliminado a nivel mundial, sin embargo, en un mundo en el que la tecnología y la ciencia avanza a pasos agigantados, el sarampión parece resistirse a pesar de que muchos pensaban que en 2020 iba a estar erradicado.

LA ENFERMEDAD EN ALZA

En el primer semestre de 2019, ya se recogían más casos de sarampión que desde 2006 en este mismo intervalo de tiempo. La vacuna contra esta enfermedad se introdujo en la década de los 60, antes de esto, millones de personas morían cada año por el virus.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que entre los años 2000 y 2017 la vacuna contra el sarampión evitó alrededor de 21,1 millones de muertes. No obstante, este avance médico ha ido involucionando desde el año 2018, en el que se registró más muertes por esta enfermedad que en el año anterior. En 2017 hubo alrededor de 110.000 defunciones, mientras que en 2018 el sarampión se cobró más de 140.000 vidas.

El 2019, lejos de ser más esperanzador, se ha tornado más alarmante. En los primeros seis meses de este año, el número de casos de sarampión era hasta tres veces más que en la misma época del año pasado. Lo que demuestra, según el organismo de la salud, un “aumento preocupante y continuo del sarampión en todo el mundo”.

AL ALCANCE DE TODOS

Los países que han manifestado un mayor número de casos a lo largo de este año han sido la República Democrática del Congo, donde se declaró oficialmente epidemia por sarampión en el pasado mes de junio y, hasta agosto, se registraron alrededor de 3.000 muertes a causa de esta enfermedad; Madagascar, aunque, en este caso, y gracias a a la campaña de vacunación, se ha visto una notable reducción de los casos; y Ucrania, el país europeo más afectado por esta dolencia.

A estos países le siguen Angola, Camerún, Chad, Kazajistán, Nigeria, Filipinas, Sudán, Sudán del Sur y Tailandia.

                                        Organización Mundial de la Salud.

Los mayores broten se producen en zonas donde la cobertura de vacunación es baja, en donde la pobreza o los conflictos bélicos y políticos les impiden a los usuarios acceder a servicios de calidad. Sin embargo, en zonas incluidas en el llamado primer mundo, donde los recursos están lejos de escasear, los casos de sarampión también han aumentado.

En Europa se estima que ha habido más de 90.000 casos, una cifra más alta que la del año anterior. Además, la enfermedad ha vuelto a aparecer en países donde ya se creía erradicada, como Reino Unido, Alemania, Grecia o la República Checa. Por su parte, España, en donde hay buena cobertura vacunal, también ha habido un ligero incremento de los casos de sarampión. En 2018, se registraron 220 casos y, en 2019, 233 entre enero y junio.

En la misma línea que la europea, Estados Unidos también registra el mayor número de casos de sarampión desde 1992 y desde el 2000, en el que se dio por erradicada la enfermedad. El número de casos hasta agosto de este año llegaba a los 1.182, en ciudades entre las que se incluye Nueva York. Muchos han achacado este rebrote de la epidemia a los “antivacunas”.

POBREZA Y DESINFORMACIÓN

Se observa que, aunque los mayores brotes de sarampión se dan en los países en los que los recursos son mínimos por los altos niveles de pobreza y por situaciones que dejan desamparados a sus habitantes, como los conflictos bélicos o las crisis políticas; los países desarrollados también han registrado un alza de esta enfermedad.

Hay un punto en común en algunas comunidades: la desconfianza. También hay una víctima con mayor vulnerabilidad: los niños.

En muchas comunidades la sociedad se ha vuelto en contra de las vacunas por diversos motivos, uno de ellos, la religión. Por este motivo, el pasado junio, Nueva York decidió que estaba terminantemente prohibido que la religión sea utilizada para dejar de vacunar a los niños.

En otras comunidades, la desconfianza nace por los errores. El pasado año, en Samoa murieron dos niños después de que las enfermeras les administraran por error la vacuna con disolvente anestésico. La gente, por miedo, ha dejado de vacunarse.

VACUNA: SÍ O SÍ

El mayor peligro de esta enfermedad es que es altamente contagiosa y se puede propagar por tos, estornudos y el contacto directo. El segundo mayor peligro, quizás, es que una vez que se tiene el sarampión, no hay ningún tratamiento antiviral para erradicarlo. Por lo tanto, hay una única solución: la prevención.

La vacuna es la llamada “triple vírica”, ya que actúa, a su vez, contra el sarampión, la rubeola y la parotiditis. Se debe administrar a los niños en dos dosis: a los 12 meses y a los 3 años.

De la misma manera, las personas nacidas entre las décadas de los 70 y 80, también deberán vacunarse de la triple vírica. Eso sí, el intervalo de tiempo entre ambas vacunas es menor, ya que a las cuatro semanas de la primera se puede recibir la segunda.

La vacuna, para los más escépticos, carece de riesgos.