Emanuel Ungaro: coser y soñar

Emanuel Ungaro será siempre un referente de estilo. Su sello inconfundible se palpaba en los vestidos, su forma de entender la moda, atrevida y futurista, se observaba en cada una de sus piezas, y sus años como aprendiz de uno de los mejores modistos del mundo se apreciaba en cada uno de sus pespuntes y remaches.

A los 86 años, Emanuel Ungaro fallecía en Francia dejando atrás una larga lista de aportaciones al mundo de la moda que lo encumbraron al olimpo de la Alta Costura, piezas únicas que enamoraron a las personalidades más importantes de los años 60 en adelante que ahora se sienten huérfanas porque han perdido al que era el maestro de la sensualidad por excelencia.

EL VESTIDO, SU SEÑA DE IDENTIDAD

Sin saberlo, Emanuel Ungaro fue de los primeros modistos que apostaron por la moda como elemento de lenguaje. Desde que tenía 20 años – cuando descubrió su pasión por la moda- el diseñador supo que sus prendas debían romper con lo establecido. Ungaro hizo del vestido, su prenda fetiche, y por la forma de confeccionarlo, lo convirtió en un arma de empoderamiento para la mujer. 

El que fuera considerado uno de los sastres más influyentes del siglo XX, no solo apostaba en sus diseños por vestidos cortos, o por sus característicos escotes en forma de A. En sus piezas había lugar para el color, para la extravagancia, para lo que el consideraba inusual y genuino al mismo tiempo.

El propio Emanuel consideraba sus piezas como “auténticas obras de artesania” y fue tal el impacto que causo en el mundo de la moda, que lo que comenzó con la confección de vestidos a medida, terminó convirtiéndose en una maison histórica en la que zapatos, bolsos, vestidos y trajes formaban el ecosistema perfecto.

BALENCIAGA, SU MAESTRO

Todos los modistos que han conseguido hacerse un hueco en el trabajoso mundo de la moda ha sido, o bien porque han sacudido la industria de la moda de una forma tajante, o bien porque han tenido la suerte de contar con un maestro que les proporcionaría los elementos básicos para triunfar.

En el caso de Emanuel Ungaro, su éxito tiene detrás a uno de los mejores diseñadores de la historia: Cristóbal Balenciaga. En 1956 se instaló en París y se incorporó al taller del modisto español con el que trabajó, codo con codo, durante seis años. Seis años que le sirvieron al diseñador francés para empaparse de todo lo que debe tener un modisto para tener éxito en el mundo de la moda.

Discípulo de Balenciaga, pero también lo fue André Courrèges, otro gran exponente de la moda futurista y creador de la minifalda. Y tras él, el diseñador francés creyó que era el momento de volar solo, y fundó su propia firma a principio de los 60.

EL CIRUJANO DE LA MODA

De nombre homónimo, Emanuel Ungaro puso en marcha su propia maison en 1965, ante la cual cayeron rendidas personalidades como Jackie Kennedy, Anouk Aimeè, Lauren Bacall, o Carolina de Mónaco. 

Comenzó con esta apertura, el despegue de Ungaro en la industria de la moda, recibiendo múltiples reconocimientos, entre ellos el galardón de la Aguja de Oro, lo que le dio confianza para aumentar aún más su abanico en el mundo de la moda y, por eso, decidió probar suerte con la moda masculina y el diseño de trajes nupciales, llegando a colaborar con la marca Pronovias.

Su impacto en el mundo del alfiler hizo que se le conociera como el cirujano de la moda, puesto que siempre que atendía a sus clientas en el taller, podía vérsele vestido con una bata blanca mientras cosía al tiempo que tarareaba sus canciones preferidas de la música clásica.

UNGARO Y LA CASA DE ALBA

Las líneas femeninas y sexys que caracterizaban sus vestidos parece que fueron los elementos que hicieron que una de las sagas familiares más famosas de nuestro país, cayese rendida a los pies del maestro francés.

La Duquesa de Alba y su hija, Eugenia Martínez de Irujo, se declararon unas enamoradas absolutas del trabajo de Ungaro, hasta el punto de llegar a pedirle que fuera él, el encargado de diseñar el vestido que Eugenia luciría en su boda con su ya ex marido Francisco Rivera Ordóñez.

Sin pensárselo dos veces, Emanuel aceptó, y en octubre de 1998, la Duquesa de Montoro luciría un espectacular vestido blanco de seda con bordados y encajes que quedaría para siempre en la retina de los críticos de la moda en España.

La duquesa, Cayetana de Alba, también lució una de las piezas diseñadas para la ocasión por el modisto francés, y en el enlace de su hija llevó un vestido verde, que también recibió el visto bueno de la crítica.

Con la muerte de Emanuel Ungaro, se va el último aprendiz de Balenciaga y uno de los referentes más importantes de la moda del siglo XX.