Los sentimientos tienen distintos idiomas

Los sentimientos son universales o, al menos, eso es lo que se ha creído siempre. Un nuevo estudio publicado en la revista Science en el que se ha comparado la variabilidad y la estructura entre los significados de 20 familias léxicas de 2.474 idiomas, demuestra que las emociones no son tan globales, aunque sí tienen puntos en común.

COLEXIFICACIÓN

Los idiomas tenemos distintas estructuras que se creían equivalentes para dar nombre a un sentimiento. En español “te quiero”, si nos vamos al inglés “I love you” y, en otra lengua más lejana como la turca, “seni seviyorum“. Sin embargo, ¿los “te quiero” de todos los idiomas tienen el mismo significado? o, si se va más allá, ¿se siente igual en todos los idiomas?

Varios investigadores de distintos puntos del globo (Estados Unidos, Alemania, Australia) decidieron innovar en los métodos de estudio y han comparado la variabilidad y la forma de los significados de distintas palabras que expresan emociones, aprovechando el fenómeno de la “colexificación”.

Esto “ocurre cuando una palabra tiene más de un significado en un idioma, lo que frecuentemente indica que sus hablantes consideran ambos conceptos similares”, ha explicado el investigador de la Universidad de Carolina del Norte (EE.UU.), Joshua Conrad Jackson, a la agencia SINC.

RELACIÓN DE SENTIMIENTOS

Mientras que los ingleses utilizan una misma palabra (“blow“) para nombrar los actos de soplar, tocar la trompeta o cuando sopla el viendo, los alemanes tienen tres (“wehen”, “spielen” y “pusten”). En todas estas denominaciones y actos interviene un factor común: el viento. Ya en un estudio de la revista PNAS (2016) se mostró que todos los idiomas del mundo tienden a unir ideas: el mar, el agua y el lago; la oposición entre el sol y el cielo o enlazar los conceptos de tierra, polvo y arena.

Pero no todos los idiomas enlazan los conceptos y las ideas de la misma manera, en algunas lenguas habladas en el continente de Oceanía (lenguas austronesias) -como el malayo o el indonesio-, el amor ser relaciona con el sentimiento de lástima. Esto significa una equivalencia algo más triste en nuestro idioma, sin embargo, para los hablantes de estas lenguas, esta relación no tiene que ser precisamente negativa.

Asimismo, la palabra “sorpresa” ha sido de vital relevancia en este estudio, pues en las lenguas oceánicas este sentimiento está fuertemente relacionado con el miedo, mientras que en otras lenguas del sureste asiático, como las tai-kadai, asocian esta palabra con la esperanza.

EL LENGUAJE A PARTIR DE LA REALIDAD

Los investigadores llegaron a la conclusión de que el lenguaje y,quizás también el modo de ver la vida, se asemeja más entre los idiomas que conviven más próximos geográficamente. En la medida en que dos lenguas estén más cerca, estas tendrán mayores coincidencias en la denominación y relación de los sentimientos.

Jackson ha afirmado que el papel de la cultura en la lengua es esencial, ya que las semejanzas que hay entre dos idiomas próximos se debe al contacto entre los humanos: el comercio, la inmigración o las conquistas. De la misma manera, los idiomas que provienen del mismo, como, por ejemplo, el español y el francés que nacieron del latín, tienden a tener estas semejanzas.

NÚCLEO COMÚN: VALENCIA Y ACTIVACIÓN

Los investigadores, a pesar de las diferencias geográficas y culturales, sí que han encontrado un punto común en la diferenciación de las palabras en estos idiomas: la valencia y la activación. El primer concepto hace referencia a lo agradable y lo desagradable de una emoción y, el segundo, es la activación fisiológica del ser humano al experimentar una emoción.

Según la principal investigadora de este proyecto, Kristen Lindquist, estas “dos dimensiones psicofisiológicas son compartidas por todos los humanos”.

En todas las lenguas una misma emoción puede tener connotaciones positivas y negativas (alegría y arrepentimiento) y, también, produce una actividad fisiológica en aquel que la siente que está reflejada en todos los idiomas (ritmo cardíaco).

Sin embargo y, a pesar de estos puntos en común, Jackson apunta que “la forma en la que damos sentido a estos sentimientos parece variar en todas las culturas”.