“Evita” vuelve a iluminar en Argentina

La exprimera dama argentina, Eva Perón, vuelve a estar a la vista de los argentinos. Su silueta se ilumina de nuevo en el mural del edificio de los Ministerios de Salud y de Desarrollo Social, ubicado en la Plaza 9 de Julio (Argentina), y, donde ella misma, atendía a las personas con necesidades durante el mandato de su marido, Juan Domingo Perón.

LUZ A UN SÍMBOLO NACIONAL

El semblante de “Evita” llevaba cuatro años apagado y Mauricio Macri aseguraba que se trataba de conseguir un método de ahorro  en plena emergencia energética. Sin embargo, pocos días después de la llegada de Alberto Fernández, se decidió revertir la situación y alumbrar de nuevo la cara de la que fue primera dama en Argentina y, por ello, numerosas personas salieron a la plaza a festejar la visibilidad de lo que ellos consideran un importante símbolo nacional.

SUFRAGIO FEMENINO

El pueblo la bautizó como “Evita”, pero nació bajo el nombre de Eva María Duarte y, aunque fue mujer de Perón, a ella también se le consideró una líder política. Comenzó como actriz, pero realmente ella fue una de las grandes protagonistas del peronismo y consiguió la ley que permitía votar a las mujeres en Argentina.

“Santa Evita” no era la tradicional primera dama, que muchas veces solo tenía una función ornamental, ella también se convirtió en una figura importante en la política y, además, el principal método de propaganda del peronismo.

 

MADRE DE LOS “DESCAMISADOS”

La primera dama levantaba amor y odio a partes iguales en su país. Muchos la criticaban por defender a la clase obrera, o como ella los llamaba, sus “descamisados”, mientras vestía con trajes de alta costura y llevaba una vida de lujo. De hecho, Christian Dior tuvo una estrecha relación con ella, hasta el punto de vestirla también en su muerte. Todo, defendían sus detractores, era mera propaganda electoral.

Aún así, creó hospitales, escuelas y residencias para los más mayores y para las mujeres solteras. A pesar de su vida llenas de comodidades, Eva Perón se consideraba del pueblo llano y así lo dejaba claro en sus intervenciones, como el ya conocido Día del Renunciamiento -rechazó ser candidata a la vicepresidencia en la campaña de reelección de su marido- y, en frente de sus seguidores pronunció un discurso de acercamiento: “Yo no soy más que una mujer del pueblo argentino, una descamisada de la Patria”.

 

SU VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

Para unos resultaba un apoyo evidente, y, para otros, representaba la viva imagen de la hipocresía. Lo que no se puede negar fue la intensidad de su vida que, para su desgracia, no acabó después de su muerte. Murió con tan solo 33 años a causa de un cáncer de útero, cuyo dolor se le quedó reflejado en el semblante. Su marido, le pidió al doctor español Pedro Ara que la embalsamase, tarea que le conllevó alrededor de un año.

Sin embargo, poco tiempo después, un golpe en Argentina le arrebató el poder a Perón y tuvo que huir del país, aunque se dejó atrás el cuerpo de la que fuera su mujer. El nuevo presidente, Aramburu, quería deshacerse del cuerpo de Eva Perón a toda costa, por lo que le cambiaron el nombre y enviaron su ataúd a Milán. A partir de aquí, la historia se convierte en mitología y todavía no hay certeza de lo que pasó con su cuerpo durante años.

Finalmente, Perón ya exiliado en Madrid y después de casi 14 años, recibió el cuerpo de su mujer y, más tarde, fue entregado a la familia Duarte en Argentina. Aunque “Evita” ya pudo ser velada con tranquilidad, nunca se supo por qué a su cadáver le faltaba un dedo, con la nariz destrozada y los pies desgastados. “Evita” nunca pudo imaginar un peor final.