Fin de la II Guerra Mundial: comienzo del horror de las mujeres alemanas

En 1945, las tropas soviéticas se empezaron a hacer con gran parte del territorio del Tercer Reich, lo que significada el acercamiento a la capital, Berlín, y el final de la II Guerra Mundial.

El desenlace estaba cerca, sin embargo, el horror de las mujeres alemanas estaba comenzando. Según numerosos historiadores,  durante esta época se dio lo que han calificado de “fenómeno de violaciones masivas más importante de la historia”. Los rusos llegaron a violar a más de dos millones de mujeres alemanas y no hacían distinción de edad, desde niñas de 6 años hasta a ancianas de 75.

Las tropas de Stalin formadas por férreos mongoles, cosacos, tártaros y siberianos, no fueron las únicas que cometieron estas atrocidades sexuales, los aliados que querían la paz en Europa y la derrota de Hitler -soldados norteamericanos, franceses e ingleses- también ejercieron violencia sexual sobre la población femenina alemana a punta de pistola, siempre bajo las excusas de la liberación de Europa y la venganza contra los alemanes.

En un principio, y cuando el Ejército Rojo aún no había entrado en territorio alemán, las violaciones no eran masivas, como sí lo eran los continuos saqueos o la destrucción de posesiones de su sociedad, a la que los rusos detestaban. Desde que pisaron el suelo del Reich, la frase “Frau, Komma empezó a escucharse más de lo habitual en las calles alemanas para desgracia de las mujeres.

Asimismo, estas violaciones iban acompañadas de torturas sádicas, el historiador El historiador Antony Beevor cuenta en su libro Berlín. La Caída: 1945, que los soldados mongoles llegaron a crucificar a mujeres vivas o a ahorcarlas con sus propios intestinos.

La entrada de los soviéticos en Berlín supuso la caída de Hitler, pero las mujeres alemanas tuvieron que pagar la condena de este: las violaciones fueron en aumento.

Beevor narra que “un médico calculó que, de unas 100 mil berlinesas violadas, unas 10 mil murieron a causa de la agresión”, aunque la mayor parte de las muertes era por el suicidio de las mujeres que tenían que enfrentarse a esta cruenta realidad. Algunas de ellas tuvieron que soportar estas violaciones en repetidas ocasiones, llegando a ser violadas por 23 hombres distintos de manera consecutiva y, como consecuencia, tenían que ser cosidas posteriormente en el hospital.

EL DIARIO DE UN SOLDADO SOVIÉTICO

A día de hoy, los medios rusos siguen sin otorgarle ninguna credibilidad a estos hechos y los califican como mitos de Occidente, a pesar de los innumerables testimonios, entre los que se encuentra el diario de un soldado soviético.

Vladímir Gélfand relató en su cuaderno personal las atrocidades de la guerra. Este teniente judío, aparte de describir la situación deplorable a las que estaban sometidos los soldados: piojos, hambre, robos y antisemitismo, escribió sobre la aniquilación de mujeres alemanas combatientes antes de la toma de Berlín. Una vez asentados en la capital, Gélfand anota en su diario que durante un paseo en bicicleta, se encontró a varias mujeres con maletas, el soldado se interesó por su partida, y ellas, “con horror en sus rostros”, cuenta que durante la primera noche del Ejército Rojo en la ciudad fueron violadas de manera masiva por casi 20 hombres. El oficial ya conocía las hazañas de sus compatriotas, que las habían estado realizando durante los cuatro últimos años mientras se abrían paso por el territorio del Tercer Reich.

Stalin, por su parte, dio luz verde a este “Ejército de violadores”, como los describe la corresponsal de guerra soviética Natalya Gesse, a que cometiesen esas atrocidades, pues era parte del “botín de guerra”.

ADAPTARSE O MORIR

También existe el diario de la novia de un soldado alemán. Sus anotaciones fueron publicadas bajo el anonimato en el libro Una mujer en Berlín en 1959.  La alemana describió en sus páginas cómo, para mantenerse a salvo de las violaciones masivas, comenzó una relación con un oficial de Leningrado: “De ninguna manera puedo decir que me violara. ¿Lo hago por tabaco, azúcar, mantequilla, velas y carne en lata? Hasta cierto punto estoy segura. Además, mientras menos quiere de mí, más me gusta como persona”, relata.

LOS BEBÉS FRUTOS DEL HORROR

En 1948, cuando los se ordenó a las tropas soviéticas que regresaran a Rusia y abandonaran Alemania, la pesadilla vivida por las mujeres alemanas durante años se acercaba a su fin. Ellos se fueron, pero para ellas los soldados y sus atrocidades se quedarían en sus mentes y muchas, también, tuvieron que criar a hijos, cuyos padres eran el enemigo.

Estos bebés no solo eran hijos de los hombres de Stalin, también de los soldados de las tropas aliadas. La historiadora alemana Miriam Gebhardt calcula que se dieron alrededor de 860.000 violaciones al finalizar la guerra y, al menos, 190.000 fueron cometidas por el ejército estadounidense, aunque asegura que “estas cifras son solo la punta del iceberg. La cifra oscura seguramente es muy superior al doble, porque muchas mujeres y niñas prefirieron no hablar nunca de ello por vergüenza”.

Además, como la administración alemana nunca llevó el recuento de la barbarie a la que estaban sometidas las alemanas, Gebhardt tuvo que buscar las pruebas documentales en la Iglesia, y se encontró con horribles anotaciones de párrocos en las que se leía “ocho niñas y mujeres violadas, algunas de ellas en presencia de sus padres”.

La historiadora calcula que el 5% de los niños de la guerra nacidos de mujeres que no estaban casadas en Alemania a mediados de 1950 fueron resultado de una violación.

El Ejército Rojo justificaba estas violaciones, ya que era un modo de venganza contra los alemanes, pero lo cierto es que también desataron la misma barbarie en otros países, como Polonia. El 10% de la población polaca se vio afectada por enfermedades de transmisión sexual, como consecuencia de las violaciones.

Vitaly Gélfand, hijo del diarista anteriormente nombrado, asegura que no solo hay que dar importancia a la victoria contra Hitler, hay que contar toda la historia: “»Si las personas no quieren conocer la verdad, se engañan ellos mismos. El mundo lo entiende, Rusia lo entiende y las personas que hacen esas leyes para difamar el pasado también lo entienden. No podemos avanzar hasta que no miremos atrás«.