Del horario de verano al de invierno

Desde 1974, los países europeos deben cumplir la Directiva Comunitaria del Cambio de Hora. Por este motivo, en la madrugada del último domingo de octubre se atrasan los relojes de toda Europa una hora, dejando a un lado el horario de verano para dar paso al de invierno.

El objetivo de este cambio de hora es aprovechar la luz solar y ahorrar en el consumo eléctrico. Un cambio que resulta beneficioso porque amanece antes y permite ahorrar hasta 300 millones de euros en energía, según datos del Instituto para la Diversificación y el Ahorro de la Energía, pero, por otro lado, también anochece antes.

Pero ¿cómo afectan estos cambios al cuerpo humano? Según un estudio publicado en ‘British Medical Journal’ aquellas personas que padecen ansiedad o depresión intensifican sus efectos cuando los días son más cortos y grises.