Las desapariciones más mediáticas en la pequeña pantalla

Miles de personas desaparecen cada día en el mundo, algunas -con mucha fortuna- aparecen, y otras, desgraciadamente, no. Sin embargo, desaparición no siempre significa olvido, sobre todo, cuando el suceso ha alcanzado una mediatización estratosférica.

¿Quién no recuerda ‘El caso Alcàsser’ o el de la pequeña Madeleine McCann? Netflix sabe que los conocemos o que, por lo menos, nos suena. Por eso, este año, la plataforma digital de entretenimiento no lo ha dudado y ha lanzado en forma de serie documental las historias de las desapariciones de estas cuatro niñas, que guardan algunas similitudes.

En noviembre de 1992, Míriam, Toñi y Desireé, tres jóvenes de entre 14 y 15 años, se dirigían a una fiesta. En vista de que llegaban tarde, decidieron hacer autostop para llegar a la discoteca de Picassent (Valencia), pero el Opel Corsa blanco que las recogió nunca las dejó en el destino y, esa noche, las tres niñas desaparecieron como la sal en el agua. Después de 75 días de búsqueda y especulación,  las niñas fueron encontradas lejos de la discoteca de Picassent, en un paraje de Tous, sin vida y con signos de tortura y violación.

Las investigaciones policiales –criticadas y puestas en duda en numerosas ocasiones- determinaron que los autores de este triple asesinato fueron Antonio Anglés y Miguel Ricart. El primero, desde ese día hasta la actualidad, sigue en paradero desconocido; Ricart fue condenado a 170 años de prisión, de los que cumplió 21 tras aplicarle la doctrina Parot.

Casi tres décadas después, el caso sigue estando envuelto en una incógnita llena de preguntas sin resolver, como la ausencia de restos de fluidos en el supuesto escenario del crimen o el desconocimiento de a quién pertenecen ciertos objetos encontrados en la escena, como una Cruz de Caravaca.

El misterio es protagonista de este caso, como también del de Madeleine McCann, la niña británica que estaba a punto de cumplir cuatro años y que desapareció en Portugal, en un resort donde veraneaba con sus padres. Una noche, estos la dejaron en la habitación durmiendo junto a sus dos hermanos y aseguran que iban a ver a los niños cada cierto tiempo, hasta que se dieron cuenta de que, en una de las visitas Madeleine, ya no estaba y desde ese 2007 nada se ha sabido de la niña.

A partir de ese momento, se creó un torbellino de especulaciones, como en el caso de las jóvenes de Alcàsser. No obstante,  el caso Madeleine cuenta con muchas más incógnitas, dado que aún no se le ha encontrado y, en ocasiones, las explicaciones de los padres llegaron a ser tan contradictorias, que la policía portuguesa llegó a declararlos presuntos implicados.

Dos casos de desaparición cuyas principales semejanza son el sexo y la edad de las víctimas, todas mujeres menores de edad, y la gran repercusión mediática que alcanzó por los medios de comunicación.

 

EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

Retomando la idea del inicio, hay casos que trascienden de manera descomunal y feroz a través de los medios. Curiosamente, son sucesos que se pueden novelizar, pues son historias que las podríamos ver perfectamente en la gran pantalla a modo de thriller.

Precisamente, es esto lo que hizo el periodismo de los 90 en el caso de las niñas de Alcàsser, y hace algo más de 10 años con Madeleine. Los periodistas se convirtieron en directores de cine y empezaron a relatar las historias de manera que enganchasen al público: con morbo y, muchas veces, sin piedad. Se convirtieron en el tema candente de sus respectivas épocas y sus escenarios pasaron a ser platós de televisión, porque la gente no quería saber en qué punto se encontraba cada caso, simplemente, quería ver el siguiente capítulo de la trama.

Por ello, Netflix ha lanzado dos documentales de estas dos bombas mediáticas que a día de hoy siguen levantando ampollas. Sobre todo, critica el tratamiento de los medios de comunicación de la época en el caso de las niñas valencianas, que nos hace reflexionar sobre su tratamiento de cara al público.

¿La información tiene límites?