Honra y honor

Escribió Don Miguel de Unamuno: no hay que confundir el honor con la honra, pues son dos estilos. El honor –el de los lances- es cosa de caballeros, y los que se llaman a sí mismos caballeros suelen no ser apenas hombres, aunque sean machos.

 

Aparecía en el mismo artículo -publicado en ‘El Imparcial’ un lunes de junio de 1924- otra de esas inmortales salidas unamunescas. Decía así: yo no tengo honor, caballero, yo soy un hombre honrado. Da para pensar.

 

¿Y hoy? Tiempo es acaso todavía de seguir escribiendo sobre el honor y la honra, aunque sea en páginas digitales.

 

Y es que uno contempla a ciertos caballeros de la derecha hispana –algunos literales por gustar de ser retratados a lomos de cuadrúpedo- y piensa de ellos: efectivamente, estos deben ser esos que se llaman a sí mismos caballeros. Y machos, por añadidura.

Nada tienen que ver esas poses, claro, con la caballería de nuestro amado Don Quijote que, de arrojada e hiperbólica, de puro sincera e idealista, deviene en emocionante ternura humanista: en una honradez asimismo exagerada y transparente.

 

La visión de nuestros prohombres nos sugiere más bien una caballería muy otra: su versión bastardeada, como reflejada en un espejo deformante. La que denuncia la desdichada y humilde Aminta en “El burlador de Sevilla” cuando denuncia –casi grita- que la desvergüenza en España se ha hecho caballería.

 

Podría escribirse, por cierto, una –triste- Historia de España hablando sólo de los caballeros que así se hacen llamar y que dicen cabalgar y acometer por el honor de España, atropellándola en realidad de siglo en siglo. Pero eso aquí no cabe.

 

Ayer, un martes de junio, se escuchó en toda la provincia de Madrid un estrepitoso “zasca”. Eso sí que es muy digital y muy moderno en esta selva sin amor en que se ha convertido la vida pública.

La cosa vino dada del siguiente modo: por la mañana una dama y dos caballeros de la derecha pactaban la composición del órgano de gobierno de la Asamblea de Madrid. Los tres pactan –por cierto- a una extraña usanza: por separado, desde lejos, sin sentarse a la misma mesa y sin compartir la jarra de agua que suele ponerse sobre las mesas en las que se habla tranquilamente. Algún severo problema de honradez deben identificar en el otro para actuar así, entre tantos embozos.

 

Lo que arrojaron esas reuniones pintorescas supuso, se veía venir: desvergüenza en España. Derechas y extrema-derecha se repartieron presidencia y vicepresidencias dejando fuera a Más Madrid (20 escaños y más de 471.000 votos) y a Unidas Podemos (7 escaños y 179.000 votos) dando la legislatura por inaugurada con una canallada además de con una vulneración del Estatuto de Autonomía.

 

Uno de los caballeros de la derecha, el del peto naranja, contento sin duda tras haber realizado una nueva heroicidad no pedida en nombre de su damisela España debió pensar que podría echarse a sestear tranquilo con la presidencia de la Asamblea en el bolsillo gracias a PP y VOX.

Pero a la hora del café conocíamos que el PP (segundo partido en votos y escaños) tenía muy avanzado un principio de acuerdo con la extrema derecha (quinta fuerza) para impedir el gobierno del partido más votado. Acuerdo que incluiría la presencia de los nacional-populistas en puestos de responsabilidad gubernamental (aún por concretar). Se han visto puñaladas más delicadas, estocadas más sutiles, conjuras más corteses.

 

Parece que lo que le queda a Ciudadanos es poco más que decidir si se come las lentejas ofrecidas tras el si quieres las comes o si no las dejas. Se va agotando el tiempo de estar al plato y a las tajadas.

 

Y es que por mucho que se sienten en reuniones separadas, por mucho sofisma de baratillo que se nos ofrezca sobre el ser, el estar y el fotografiarse: ninguna alternativa al peligrosísimo Don Ángel Gabilondo es posible sin la firma y los votos de los tres caballeros. Ni la elección de la Mesa ni mucho menos la conformación de un gobierno “de perdedores” (por utilizar la desafortunada jerga popularizada hace tiempo por la propia derecha). Solo que ahora, parece, VOX le coge la delantera a Ciudadanos en eso de ser “socios preferentes”.

 

Ciudadanos, el otrora partido liberal, el otrora partido guay que un día se llamó “de centro-izquierda no nacionalista” pensaba que podría jugarse los cuartos con los otros dos caballeros del honor y, sobre todo, con un PP plagado de perros viejos aguirristas orgullosos de su camada.

 

La presión pasa toda a Ciudadanos: ellos son el verdadero rival del PP. El Partido de Casado en realidad piensa que VOX es como un hematoma que terminará tarde o temprano reabsorbido en el tejido. Quien debe sufrir la presión estratégica, quien debe retorcerse sobre el lecho de sus propias contradicciones es Ciudadanos. La postura de VOX es impecable desde el punto de vista racional y de negociación: si queréis mis votos imprescindibles quiero mi parte merecida. Insoslayable.

 

Hacer a estas alturas un llamamiento a Ciudadanos para que actúe honradamente, para que contemple la posibilidad de una abstención que permita un gobierno progresista en Madrid sin presencia de la extrema derecha (y sin Gürtel, sin Lezo, sin Púnica) seguramente sea pedir demasiado. Quizás sea hasta quijotesco. Lo es.

 

¿Ni siquiera por la honrilla, Albert?