Infectar tras morir

La única inversión segura y que no entra en nuestros planes a lo largo de nuestra vida es la de un féretro.Una persona que requiere un servicio funerario no está segura de que el ataúd que utilizó no fue destruido, pero tampoco tiene la certeza de que el que está recibiendo es nuevo.Y no, no se trata de ficción... basándonos en hechos reales, y exponiendo tan solo un caso en concreto, entre 1995 y 2015 se retiraron casi 6.000 ataúdes según el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León en la Operación Ignis en Valladolid.

El reciclaje de ataúdes es peligro para aquellos que acuden al funeral

Según Alberto Miranda, médico forense, en una entrevista que condeció a Uno TV los fluidos de los cuerpos se quedan impregnados en las cajas, sobre todo si estas personas presentan heridas abiertas, como pueden ser los «padrastros» o cualquier pequeña sutura en la piel, lo que conlleva un peligro de contagio para aquel que se ponga en contacto con el fallecido, con su féretro o comparta «urna» con él. El problema radica cuando estos se donan, se revenden y se utilizan varias veces sin efectuarse ningún tipo de desinfección.

¿Cómo podemos saber si un ataúd está usado?

Al abrir la «caja» podríamos ver la forma del cuerpo en la sábana que envuelve la madera del féretro.

Los arreglos florales dejan marcas en la parte superior del ataúd.

El olor de los perfumes o bálsamos se impregna en la tela dejando un «pequeño rastro».

Los topes con los que se agarra el féretro quedan marcados en los laterales del mismo.La única solución para paliar este problema sería la destrucción de los féretros como ya se ha puesto en práctica en algunos países como en México.