Vienen a por nuestros derechos

Las elecciones del 28 de abril no son unas elecciones más. No está en juego tan solo el nombre de un Presidente o el color político de un Gobierno. Estas serán las elecciones más decisivas desde 1982. Porque nos jugamos la consolidación o la reversión de buena parte de los derechos conquistados durante los últimos cuarenta años. Nada menos.

Las derechas que representan Casado, Rivera y Abascal tienen poco que ver con las derechas gobernantes en Alemania, Francia o Reino Unido, por ejemplo. Son más peligrosas, incluso, que la derecha corrupta de Rajoy y la derecha sectaria de Aznar, que tan triste legado dejaron en nuestro país. VOX marca el discurso y la estrategia en esta tríada, y los demás le siguen “sin complejos”. Ya ocurrió en Andalucía.

El franquismo nunca desapareció del todo en España. Se mantenía agazapado en el seno del PP y afilando armas en sectores claves de nuestra economía, nuestro funcionariado o nuestro ejército. Ahora han decidido que ya pasó tiempo suficiente desde la desaparición del dictador. Que son muchos los que, por edad, ya no tienen presente la brutalidad de aquel régimen. Que los vientos del neofascismo en Europa les favorecen. Que cuarenta años después, ha llegado otra vez su hora.

Abascal ha fichado a las claras a militares franquistas en la reserva para llevarlos al poder, como en los viejos tiempos de la camisa azul, los correajes y los saludos romanos. Habla de volver a armar a “los españoles de bien”, para someter a los “malos españoles”, hemos de entender. En Andalucía reclama listas negras de feministas; pronto de rojos y maricas. Los suyos ya exigen ilegalizar a los partidos “marxistas” y “enemigos de España”, es decir, todos menos ellos. Una patria, un Dios, un pueblo, un partido. No son nuevos. Son lo más viejo de este país.

Casado se deja llevar, por miedo, por convicción, o por ambas razones. Y amenaza a las mujeres “que no saben lo que llevan dentro” con arrebatarles el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. Si además de mujeres, también son culpables de inmigración, les pide a sus hijos en adopción a cambio de no echarlas de España, por el momento. Promete una revolución fiscal a la baja para acabar con ese Estado benefactor que siempre les pareció
fábrica de gandules y perdedores. Que se salve el que pueda pagar, ¿o es que vamos a ser todos iguales? Por eso su candidata en Madrid adelanta nuevas privatizaciones en la sanidad y la generalización del cheque escolar.

Rivera se ha quitado definitivamente la máscara de hombre centrado y moderno, y ahora abraza sin rubor los postulados y hasta los tics de la derecha más extrema. Su anti- feminismo, disfrazado de liberal, le lleva a promover el alquiler de los vientres de las mujeres -lo llaman gestación subrogada- y de sus propios cuerpos en el mercado del sexo -lo llaman prostitución regulada-. El “fichaje estrella” de un antiguo directivo de Coca-Cola evidencia sus planes en materia laboral y hacendística, mejor que cualquier programa electoral: despedir trabajadores en España y pagar impuestos fuera de España.

Como en los viejos tiempos, este programa demoledor para nuestros derechos y libertades llega envuelto en banderas kilométricas y amenizado por himnos militares. Pero detrás de los colores y las músicas, esconden lo de siempre: la bota, el palo y el tentetieso para todos aquellos a los que consideran malos españoles.

Como antaño, dicen venir para salvarnos de comunistas y rompepatrias.
Pero ahora tenemos una ventaja. Les conocemos y les vemos venir.
Que no nos pase como en Andalucía.
Movilización máxima el 28 de abril, para defender la España que quieres.
Porque si tú no vas a votar, ellos vuelven.