Jinwar: la aldea de mujeres libres en Rojava

El 25 de noviembre de 2018, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, se inauguró Jinwar. En medio de campos de trigo al norte de Siria se ha creado un lugar de refugio para mujeres: un pueblo construido y habitado por ellas. Un proyecto que nació de la colaboración entre organizaciones de defensa de derechos de las mujeres y de la administración autónoma de Rojava, en el Kurdistán sirio.

Las impulsoras consideran que Jinwar es “una necesidad”, porque la guerra se ha ensañado especialmente con las mujeres, que necesitan apoyo y oportunidades para desarrollarse, expresarse y protegerse. Pretende ser un lugar para proyectar nuevas vidas, para olvidar heridas y miedos. En la guerra contra Daesh, fueron las principales víctimas: violadas, agredidas, vendidas y obligadas a casarse. Madres que perdieron a sus hijos y esposas que perdieron a sus parejas.

Jinwar es un lugar únicamente para mujeres y niños. La aldea no es una cárcel ni un espacio cerrado. Las mujeres del pueblo podrán salir y visitar a sus familiares, recibir visitas de hombres, de turistas o periodistas. Eso sí, los hombres no podrán vivir allí.

El pueblo está gobernado y gestionado por ellas bajo el formato cooperativista. Su economía es de subsistencia y estará basada en la agricultura y la ganadería. Por el momento, reciben subvenciones.

En 2016 se constituyó un comité para el desarrollo del proyecto con expertas, ingenieras y arquitectas, y en la actualidad el poblado consta de 30 casas. La infraestructura se basa en productos naturales: tierra, barro, forraje y madera. Son cosas ecológicas que no contaminan ni dañan el medio ambiente, además, utilizan energías limpias, especialmente la solar.

El objetivo es la construcción de pueblos parecidos en todas las ciudades del Kurdistán sirio.

 

Las mujeres kurdas y la Administración Autónoma de Kurdistán

 

Las mujeres kurdas representan casi el 30 por ciento de los combatientes de entre 18 y 30 años.

De la guerra nacieron las Unidades de Defensa de la Mujer (YPJ, según sus siglas en kurdo), con más de diez mil mujeres que abandonaron a su familia para unirse al ejército.

La relevancia de las mujeres kurdas ha penetrado en los esquemas políticos. En 2014, las autoridades de Rojava promulgaron una ley que buscaba igualdad entre hombres y mujeres: prohibiendo la poligamia, la violencia y la discriminación contra la mujer, impidiendo el matrimonio con menores de 18 años.

Además obtuvieron el derecho a voto, a ser candidatas, a ocupar cargos políticos así como a formar parte de organizaciones políticas, económicas, sociales y culturales. Las mujeres pueden heredar y se prohíbe la dote como un valor destinado a “poseer mujeres”. En caso de divorcio, la ley otorga la custodia de los hijos e hijas menores de 15 años a la mujer.

Un sistema basado en la igualdad entre las mujeres y los hombres. De aquí viene la idea de la copresidencia: todas las administraciones gubernamentales están lideradas por una mujer y un hombre.