El sueño del diablo. Retrato robot del psicópata (Capítulo III)

Aunque las emociones no formen parte del código de conducta del psicópata, como tampoco la empatía -la capacidad de ponerse en la piel de sus víctimas-, eso no quiere decir que sean una cohorte de caníbales sedientos de sangre. Simplemente, tienen una capacidad ‘natural’ que les colocan en una posición diferente que les permite trasgredir la norma sin sentimiento de culpa.

Al carecer de remordimientos, el psicópata es un jugador de ventaja, está mejor preparado que el resto para manipular y mentir, para ajustar el mundo a sus necesidades, para imponer su voluntad. Ahora bien, estos rasgos distintivos, tampoco les otorga un grado de inteligencia superior.

Entonces ¿por qué los psicópatas dan rienda suelta a sus instintos ‘más criminales’? Básicamente por dos cuestiones: porque no se cuestionan sus actos («Mary Flora Bell, se cuestionaba ante su psiquiatra“¿Por qué no lo puedo matar? Si de todas maneras vamos a morir”).

Psicópata, aproximación a un retrato robot

Por otra parte, un psicópata se aburre en un mundo tan reglado y necesita una dosis extra de adrenalina. El aburrimiento es otro de los leit motiv que les llevan a traspasar la raya del crimen… algo que se ejecuta en su mente de una manera natural. “No me gustan los lunes, sólo lo hice para animarme el día. No tengo ninguna razón más, sólo fue por divertirme. Vi a los niños como patos que andaban por una charca y un rebaño de vacas rodeándolos, blancos fáciles”  comentaba sin asomo de preocupación Brenda Ann Spencer al relatar sus macabros crímenes.

Aunque existen 20 marcadores que identifican claramente su conducta, lo existe un test fiable que mida su personalidad, ya que se capacidad de mentir de manera natural les hace salir victorioso de estas pruebas.

Aún así, algunos psiquiatras, como el doctor Hare han creado algunos test que ofrecen a las empresas para que midan el nivel psicopático de sus directivos.(Psychopathy Check List)

Con poderosas dotes para la manipulación personal o sexual, gran capacidad verbal, compulsiva tendencia a la mentira, egocentrismo maquiavélico y desproporcionado, propensión al aburrimiento, encanto superficial…  así se dibuja el retrato robot del psicópata. Conductas que la postre puede resultan penalmente imputables.

Eso siempre y cuando no dirijan sus pasos a una actividad altamente satisfactoria para ellos: la política.