El sueño del diablo: El psicópata está entre nosotros (Capítulo I)

Su faceta criminal es la cara más reconocible, la más visible, pero a la vez la más deformada. Muestra el comportamiento más extremo, el más llamativo de los piscópatas. Inteligentes, fríos, crueles, sin remordimientos… son alguno de los adjetivos que adornan la conducta de unos sujetos sin temperatura emocional.

Pero la realidad es otra, el psicópata habita entre nosotros, oculto, integrado en una sociedad donde se desenvuelven mayoritariamente como triunfadores. Son uno de cada cien, aunque en determinadas profesiones la estadística eleva su número a cinco de cada cien. ¿Tu vecino? ¿Tu jefe? ¿Tu pareja? ¿Ese líder carismático de tu partido al que admiras y confías tu voto y tu destino? Por qué no.

 

El psicópata alimenta su comportamiento en una sociedad que promueve el éxito como valor dominante

 

El psicópata no siempre traspasa la línea roja y salta a los titulares de los periódicos por sus crímenes. Se desenvuelve como pez en el agua en los valores que promueve la sociedad moderna, la sociedad del éxito material. Un caldo de cultivo idóneo para su personalidad de depredador social.

Los valores dominantes -consecución del éxito, la necesidad del triunfo social- hacen que se conviertan en héroes o antihéroes, lo que alimenta su propia psicopatía. No son una excepción social, son los nuevos mercenarios modernos caracterizados por su inmunidad al estrés y su ausencia de reglas. O mejor dicho, por la prevalencia de una sola: Porque yo lo digo.

Ahora bien, ¿nacen o se hacen? Los psiquiatras definen que esta alteración del comportamiento tiene una serie de componentes de origen biológico, pero sin duda no son los determinantes. El componente ambiental (o cultural) también juega un papel decisivo.

                         Una serie de reportajes de Enrique Leite para Irispress Magazine

 

 

   

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