Ébola y guerra: el drama del Congo

Ya son más de 600 las muertes por ébola en el noreste de la República Democrática del Congo, y casi 1.000 las personas contagiadas por el brote declarado el pasado mes de agosto en las provincias del norte, Kivu e Ituri. Es el más letal que se ha conocido en el país y el segundo en el mundo, tras la epidemia declarada en 2014 en África Occidental.

A los brotes identificados se añade la ubicación geográfica que afecta a grandes ciudades como Butembo y Beni, muy cerca de enclaves fronterizos. Son ciudades populosas y nudos de comunicaciones con Uganda, Ruanda, Burundi y Sudán del Sur. En Sudán del Sur y en Ugandaya se está vacunando a los sanitarios.

Hasta ahora, el brote más devastador conocido fue el declarado en 2014, que se inició en Guinea-Conakri, y se extendió a Sierra Leona y Liberia. 2 años después, en enero de 2016, la OMS declaró el fin de la epidemia, en la que murieron 11.300 personas y más de 28.500 fueron contagiadas, cifras que la propia OMS asegura que podrían estar por debajo de las reales.

Los niños, las mujeres y los sanitarios entre los que más sufren la enfermedad

Entre los grupos de población más vulnerables, se encuentran las mujeres y los niños. De los casos conocidos, los niños son una tercera parte y el 58% mujeres mayores de 15 años, la razón es que son las cuidadoras de los enfermos de la familia.

Más del 10% de los casos se dan entre los sanitarios y voluntarios en tareas de ayuda, este dato demuestra que es necesario mejorar los protocolos de actuación, la formación de los profesionales e incrementar las medidas de protección.

La resistencia de la población y el conflicto armado

El control de la epidemia se complica por el rechazo de algunas comunidades a vacunarse y la inseguridad en la zona, donde operan numerosos grupos armados.

El virus del ébola se transmite a través del contacto directo de la sangre y los fluidos corporales contaminados, provocando fiebre hemorrágica y puede alcanzar una tasa de mortalidad del 90%.

Desde agosto, más de 89.656 personas han sido vacunadas, en su mayoría en las ciudades de Mabalako, Beni, Mandima, Katwa y Butembo.

Una parte de la población se resiste a seguir medidas de control de la infección, ocultan a las personas enfermas, y llegan a huir de los centros de diagnóstico y tratamiento. Las costumbres ancestrales como los entierros tradicionales son unas de las principales fuentes de transmisión de la enfermedad. Los datos también apuntan a un número importante de contagios en hospitales y centros de atención debido a prácticas deficientes.

La inseguridad de la zona es en este momento la principal causa de la gravedad de la epidemia. Las operaciones de los grupos armados imposibilita poner en marcha de forma eficaz los programas de vacunación, de detección de enfermos y su identificación y el seguimiento de sus contactos.

Desde el pasado mes de octubre las acciones armadas de las milicias han condicionado la actuación contra el brote. La situación se agravó con revueltas en las ciudades arrasando centros de diagnóstico, tratamiento y consultorios, paralizando las tareas de los profesionales.