Cuando el populismo nos lleva al abismo y nadie se atreve a parar la deriva

Había una vez en el Reino Unido un partido de ultraderecha, ultranacionalista, liderado por un señor, Nigel Farage, que dijo: “La Unión Europea está muriendo”.

Eran los tiempos de la crisis y la recesión económica, de las deudas soberanas y los recortes. Corría el año 2012 cuando se acuñó el término Grexit, utilizado para especular sobre la salida de Grecia de la Unión Europea.Pero Grecia no salió de la UE.

Al mismo tiempo, en el Reino Unido, una palabra entraba en el debate político: Brexit – abreviatura de Britain (Gran Bretaña) y exit (salida)-, o lo que es lo mismo“salida del Reino Unido de la Unión Europea”. La alternativa era el Bremain -Britain y Remain: permanecer.

Los euroescépticos aprovecharon el momento. Los argumentos iban desde los recelos ante la burocracia de Bruselas, la inmigración, la defensa de la soberanía nacional, los retos de seguridad, el carácter insular británico hasta su especial relación con los EEUU.

En aquel momento de incertidumbre, el Partido por la Independencia de Reino Unido (UKIP) tenía gran fuerza mediática reviviendo el espíritu nostálgico del Imperio, nacionalista y proteccionista.

El entonces Primer Ministro, el conservador David Cameron, acosado por la derecha, convocó un referéndum para defender la permanencia del país en la UE, convencido en que lo ganaría sin dificultad. No fue así.

El Reino Unido decidía abandonar la Unión Europea por el 51,9% de los votos, 43 años después de ingresar en la Comunidad Económica Europea.

Referéndum

Los jóvenes votaron mayoritariamente a favor de la permanencia e Inglaterra y Gales apoyaron la marcha de la UE. Escocia e Irlanda del Norte votaron la permanencia.

Una de las primeras consecuencias fue la dimisión del populista Farage, tras reconocer haber mentido en los datos sobre los que basó su campaña.No podía mantener que Europa les costaba a los británicos “350 millones de libras semanales” que él reubicaría en la sanidad pública británica.

Ya era demasiado tarde, su mentira había calado.

La fecha de salida prevista es el 29 de marzo del 2019, con un periodo de transición dentro del mercado único mientras se negocia la nueva relación comercial, lo que se denominó salida “suave”. Pero, esta propuesta no consiguió la mayoría parlamentaria, y la Primera Ministra tuvo que presentar una moción de confianza que ganó.

May ha solicitado a la UE, ahora, la ampliación del plazo hasta el 30 de junio, un aplazamiento corto para no tener que participar en las elecciones al Parlamento Europeo.

Los Veintisiete ofrecen una prórroga hasta el 22 de mayo si el Parlamento británico aprueba el plan de salida de May y estarían dispuestos a extenderla si el Reino Unido participa en las elecciones europeas. Si no, habrá brexit duro, sin acuerdo.

Todo sigue abierto mientras el 29 de marzo se acerca.

El Banco de España estima que el PIB español puede verse reducido hasta un 0,8% en 5 años si el Brexit se resuelve sin acuerdo, pero si se realiza de forma ordenada sería el 0,5%.

Las relaciones comerciales entre España y el Reino Unido están valoradas en 55.000 millones de euros al año. En el Reino Unido hay más de 300 empresas de capital español, mientras que en España son casi 700 las sociedades británicas.

El Partido Conservador está en crisis desde la dimisión de David Cameron. Tras la moción de confianza, May anunció que no se presentará a las elecciones generales de 2022.

El UKIP está hundido.Se ha conocido la vinculación rusa de Nigel Farage, a través del empresarioEra Arron Banks. El empresario contó en su libro “Los chicos malos del Brexit” haber participado en “una comida alcohólica de seis horas”, en la que el embajador ruso deleitó a sus invitados con vodka perteneciente a un lote elaborado en exclusiva para Stalin.

También del Partido Laborista está en crisis y se debate entre los que quieren convocar un segundo referéndum y los que quieren utilizar la debilidad del Gobierno para forzar un adelanto electoral.