Demasiadas preguntas

Hace unos días se han cumplido treinta años desde que arribara a las costas de Cádiz la primera patera con inmigrantes a bordo. Al menos, de la primera que se tiene constancia. En este tiempo transcurrido se han multiplicado por cientos las embarcaciones, por miles las personas y, desgraciadamente, también los muertos en la travesía, convirtiendo el Estrecho en una de las mayores fosas comunes del mundo.

El problema de la inmigración tiene múltiples aristas y muy difícil solución. No es razonable ni sostenible abrir las fronteras a todo el que quiera cruzarlas, pero tampoco podemos mirar de perfil esta realidad, porque nadie abandona su casa por gusto. Cuando una persona decide aventurarse en un viaje de incierto futuro es porque su realidad es peor que los peligros que le acechan en ese viaje.

No estoy descubriendo nada nuevo ni, tan siquiera, nada que no haya sido debatido hasta la extenuación en múltiples foros y reuniones internacionales. Debates hay de sobra, pero acciones…

En este capítulo de acciones hay algunas que echo clamorosamente de menos ¿dónde están las actuaciones contra las mafias que controlan este negocio? Conocemos por su nombre a los grandes narcotraficantes mundiales, nos lo muestran a diario los telediarios, se han hecho series de televisión sobre ellos, películas, libros… Todo el mundo conoce a Pablo Escobar, al Chapo Guzmán a Noriega; los españoles sabemos quién es Sito Miñanco e incluso a muchos que no conocemos por su nombre sabemos de su existencia. También estamos informados de las múltiples desarticulaciones de bandas y de las  actuaciones que los cuerpos de seguridad hacen periódicamente.

Con el negocio de la inmigración, no conocemos a nadie por su nombre, no sabemos siquiera la estructura de las organizaciones, a pesar que muchas de estas redes utilizan las infraestructuras del narcotráfico; no conocemos cuántas operaciones policiales ha habido contra los “dueños” del negocio. La detención de algunos pilotos o de algunos intermediarios es lo único que aparece puntualmente en los medios ¿eso es todo? El dinero que pagan los inmigrantes por su plaza en la patera ¿no deja rastro? Los dueños de las embarcaciones ¿no son nadie? Los que facilitan las mercancías que venden en nuestras calles los conocidos como manteros ¿no tienen cara?

Son demasiadas preguntas sin que nos consten respuestas. Para combatir un problema es básico conocer cuál es y, hasta donde mi entender llega, el problema no tiene su origen en las costas africanas. Cuando la patera se ha echado a la mar es porque por el camino hay demasiada gente que ha intervenido en esto y demasiadas autoridades que no han realizado su trabajo o que directamente han mirado para otro lado.