De los que quieren lo que quieren y solo lo que quieren cuando lo quieren

Alguna gente siente y cree que el poder, que el gobierno les compete a ellos y solamente a ellos de una forma patrimonial. De tal suerte y manera que cuando lo pierden o se lo quitan se alteran sobremanera, es como si padecieran un sarpullido, un cólico renal y una rotura fibrilar y todo ello de repente y de forma generalizada.

Las derechas en este país están acostumbradas a detentar el poder de forma difusa y no consideran legítimo que otra formación que no sea la suya ejerza el gobierno. Observen que digo gobierno, pues el poder sigue en manos de la derecha, mediado por las cargas financieras, el empresariado, las grandes corporaciones y los “nombres” de las familias de renombre.

En el momento que una formación “conflictiva” para ellos alcanza el gobierno, se constituye un sanedrín de notables para dirigir, cual mando de juego electrónico, a “su” representante. Habitualmente la derecha tiene a su representante, pero sabe organizar(se) una convergencia de intereses muy precisos de origen mediático, económico, social y político. De esta suerte la derecha, aunque pierda unas elecciones, siempre va a disponer  de palmeros para “animar” el cotarro.

Desde el minuto uno, la derecha perdedora de elecciones, se dispone a desarrollar una estrategia de acoso y derribo contra la opción progresista. Grita, vocifera, se amplifica su voz por el hecho de poseer la gran mayoría de los medios de comunicación en todas sus formas de presentación y en cualesquiera fuere su medio de difusión.

No respetan el periodo de elegante gracia de los 100 días, tampoco permiten un mínimo periodo para ver posibles efectos de las opciones de los gobiernos con otra orientación y desde ese momento cero lanzan improperios adivinatorios con actitud apocalíptica y tremendista.

Así aconteció con el gobierno socialista surgido de las elecciones celebradas el 28 de octubre de 1982. Importaba poco que el PSOE como ganador disfrutara de 202 diputados, el doble de los conseguidos por el pp (entonces denominado como Alianza Popular). No hay descanso ni reposo, se atacan las ofertas legislativas, se desmontan los pactos de Estado fundamentales, se manipula la lucha antiterrorista, de nada sirve tender a los pactos, porque solamente aceptará aquellos temas que le beneficien y de los que pueda obtener rédito electoral…

Con este afán absolutista se movilizará ante temas cruciales como el derecho al aborto, el divorcio, el matrimonio igualitario, la identidad sexual transgénero, los derechos de los colectivos LGTBI, los derechos de igualdad de las mujeres, la homoparentalidad, la asistencia sanitaria pública, la educación pública, la emigración, el sentido del golpe de Estado del Dictador Franco, la Ley de la memoria histórica, las pensiones, la dependencia, le negociación de los sindicatos, los emigrantes y la política migratoria… Entonces pactará con los grupos más reaccionarios y recalcitrantes de la Iglesia; con los sectores más oscuros de los medios de comunicación, creando fake-news que se difunden con rapidez, mayoritariamente vía on-line, acogerá lo que dicen los grupos más tenebrosos de la derecha más extrema, volverán los cánticos de otrora con actitudes desafiantes y retadoras… Todo desde el minuto uno, sin tiempo para llevar a cabo nada, desde ese momento ya hay una presión con personas, periodistas y grupos de poder diverso en disposición de difundir y ser activistas permanentes con banderas y banderismos, con manifestaciones sorprendentes donde acuden manifestantes con abrigos de pieles diversas y peinados de peluquerías de 200 euros el modelo, zapatos con tacones de aguja, maquillajes de diseño, cardenales y obispos bendicen las manifestaciones y hondean banderas con pollito en el escudo patrio.

Toda esta parafernalia se ha puesto en marcha cuando hace algo más de cuatro meses se gana una moción de censura constitucional al pp tras la sentencia en la que se le condena como un partido corrupto y donde los propios magistrados dicen, explícitamente, que la declaración del entonces Presidente del pp y del Gobierno no resulta creíble. El conjunto del Congreso, menos los grupos de las derechas nacionales, votan en contra del Gobierno y apoyan la moción de censura presentada por el PSOE. Desde entonces las derechas despliegan todo su arsenal: llaman al nuevo Presidente “okupa”, le abuchean en actos públicos, inician una política de acoso y derribo personal a los miembros del Gobierno con cuestiones acontecidas hace años, intentan desprestigiar la Tesis Doctoral del propio Presidente del Gobierno, utilizan grabaciones ilegales de conversaciones privadas de hace diez años para ataques indiscriminados, se ridiculizan errores protocolarios con saña, realizan atribuciones a la totalidad de los actos del Presidente o de los miembros del Gobierno de contenido claramente perverso, los medios de comunicación se transforman en una eficaz maquinaria expendedora de fake news (noticias falsas) por doquier.

El ambiente se hace irrespirable y con gran tensión, de tal suerte que se tiende al desprestigio de las instituciones y de su funcionamiento democrático, utilizando a tal efecto calificativos de alto voltaje para señalar a los que votaron la moción de censura, apareciendo la traición, el separatismo, el golpismo, el terrorismo todo se mezcla de forma calculadamente desorganizada con lo que se trasmite a la población una gran desconfianza en el funcionamiento de la democracia y en las instituciones sociales.

Aparece un Partido de extrema derecha, grupo que participa de las esencias del pasado en gestos y proclamas, con esquejes de los partidos de las derechas y retornan las palabras grandilocuentes y altisonantes.

El PSOE tiene que atender a tantos frentes que su acción de gobierno se desdibuja, no dejan tiempo para ver que se revierten los recortes o que hay un acuerdo para un pacto que consiga unos Presupuestos Generales del Estado de orientación social. En ese momento arrecian las críticas y las atribuciones sin analizar los contenidos.

De forma simultánea desde el Parlamento la Mesa del Congreso de los diputados bloquea los acuerdos que se obtienen por votación de los diputados y el Senado pretende convertirse en una cámara para juzgar Tesis Doctorales. Ester es el funcionamiento “perverso” en el que las derechas se mueven como pez en el agua. La labor consiste en liarla para enredar y evitar entrar en el fondo de las cuestiones que se abordan y luego desprestigiar las instituciones que no funcionan como las derechas y sus grupos de presión pretenden.

Las derechas en este país se creen dueños de vidas y haciendas y por ende de formas del ejercicio político, si ellos no detentan el poder no admitirán nunca que los grupos de progreso intervengan de forma alternativa y es así, de forma más patente, desde el siglo XIX.

Aquí las derechas en el Gobierno condecoraban a vírgenes, mientras encarcelaban a artistas por realizar críticas fuertes en el ejercicio de la libertad de expresión, pero luego ellos insultan al Presidente del Gobierno socialista implorando la libertad de expresión que ellos perseguían desde el poder en los demás. Con este batiburrillo la población clama, una vez más, “todos son igual”, ya se ocupan las derechas en que todo se nuble con una espesa cortina de humo denso y contaminante.

Las derechas españolas son zafias en las actitudes, inconsistentes en los contenidos, broncas en las formas, agresivas en la expresión, irrespetuosas en las relaciones, incultas en sus planteamientos, simples en el razonamiento, prepotentes con la población, tiranos con la concepción del poder, antidemocráticos en las concepciones socio-políticas, autoritarios en el ejercicio político y perversos en su práctica cotidiana.

Las izquierdas no pueden seguir mostrando sus desacuerdos en los matices y deben tender a buscar el máximo de sus acuerdos para poder unir fuerzas y esfuerzos para no dejar hendiduras por donde se filtre la perversión de las derechas.

Las izquierdas deben hacer por gobernar, ya que las derechas van a dificultar esa opción de gobierno alternativo desde su lugar de poder, pretendiendo doblegar al gobierno legítimo.