El sistema educativo en la España liberal

En este trabajo abordamos la creación del sistema educativo liberal en España, desde las  ortes de Cádiz hasta el reinado de Isabel II; en realidad, el primer sistema educativo del Estado español.

La Constitución de 1812 reconoció el derecho a la educación y estableció que el Estado debía garantizarlo, un derecho que no volvería a aparecer hasta el siglo XX. En las Cortes se elaboró un exhaustivo informe sobre la educación en España por una comisión que presidía Manuel José Quintana. La vuelta al absolutismo paralizó la creación de un sistema educativo nacional, pero el informe de Quintana se retomó en el Trienio Liberal, elevándolo a rango legal con algunas modificaciones. De nuevo, el renovado absolutismo, ahora en la denominada “Década Ominosa”, paralizó el proceso.

En la época de las Regencias por la minoría de edad de Isabel II se inició el proceso para implantar el primer sistema educativo español. En 1838 se dio un Reglamento de Escuelas Primarias. Entre mediados de dicha década y la siguiente comenzaron a abrirse los primeros institutos de segunda enseñanza. En 1845 se aprobó el Plan Pidal, ya en la Década Moderada. El sistema terminó de perfilarse con la primera ley general educativa, conocida como la Ley Moyano, aprobada en 1857, que con algunas variaciones llegó hasta bien entrado el siglo XX.

El sistema educativo liberal era dual: una parte era estatal y otra privada, con fuerte presencia de la Iglesia que, por otra parte, recuperó el control ideológico y moral sobre la escuela española gracias al Concordato de 1851. Uno de los problemas más graves de la educación decimonónica española fue el de las limitaciones presupuestarias. Las escuelas no estaban dotadas adecuadamente, con unos maestros mal pagados, dando como resultado una pésima calidad de la enseñanza. Aunque la enseñanza primaria era obligatoria, muchos niños y niñas, por otro lado, segregados, no podían acudir a las escuelas porque tenían que contribuir al sustento familiar, por lo que la escuela nunca fue un factor de cohesión social. Se calcula que en 1900 el número de personas escolarizadas en este nivel era del 50%. El analfabetismo siguió siendo muy alto en todo el siglo XIX. En 1800 la mitad de la población era analfabeta, pero el porcentaje solamente disminuyó al 36% en 1900. En todo caso, el porcentaje de analfabetos dependió de las zonas geográficas y por sexos, siendo más alto en el medio rural y entre las mujeres. El número de estudiantes de secundaria se mantuvo estable a lo largo del período. Al terminar el siglo había un instituto en cada capital de provincia, con la excepción de Madrid y Barcelona, que contaban con más, dada su población. A los institutos sólo acudía una minoría de estudiantes, el 1’6% de los que habían ido a las escuelas primarias y, en su gran mayoría, varones. Los institutos dependían de las Diputaciones Provinciales, aunque en 1887 pasaron a depender del Estado.

A los estudios superiores o universitarios accedía exclusivamente una minoría, y solamente varones. El sistema estaba muy centralizado y era uniforme, sin autonomía universitaria. La principal universidad era la Central de Madrid, única que impartía todas las carreras.