Sunset Campus, un verano diferente

Comienza la nueva edición del campamento urbano Sunset Campus, un proyecto impulsado por por la Fundación Cajasol en el que se ofrece una alternativa de ocio, diversión y solidaridad a los participantes.

Este proyecto nació con la idea de convertirse en una alternativa de diversión y crecimiento personal y por él han pasado ya alrededor de más de 400 alumnos, a los que se suman los más de 500 niños y adolescentes que han formado parte del proyecto Noël Campus, la iniciativa de similares características que se desarrolla durante las vacaciones de Navidad. Para la Fundación Cajasol es una satisfacción poder poner en marcha este tradicional y arraigado campamento de verano que busca favorecer la igualdad de oportunidades y la integración social a través de juegos y diversión.

 

Un verano diferente

 

A través de los Servicios Sociales de los ayuntamientos participantes, niños entre 6 y 12 años de forma gratuita en una serie de actividades y juegos veraniegos que buscan fomentar el compañerismo y propiciar momentos felices para los participantes. Pero la filosofía del proyecto va más allá del entretenimiento al proponerse un verano diferente, buscando recuperar las charlas con los amigos, los juegos tradicionales, la práctica del Deporte, las manualidades o disfrutar al aire libre frente al excesivo consumo que niños y adolescentes hacen de las nuevas tecnologías, fundamentalmente del WhatsApp, videojuegos y la televisión sin control.

Dirigidos por monitores especializados en entrenar y formar a niños, los campamentos dan una importancia especial al coaching a través de charlas, coloquios y proyecciones de audiovisuales para el crecimiento personal y la superación de complejos, algo tan habitual en los años pre adolescentes. Todo ello con el fin de que los alumnos saquen lo mejor de sí mismos y destaquen sus potencialidades y habilidades

El campamento destaca que las nuevas tecnologías son de gran utilidad, pero con medida, y que hay distintas formas de aprender. Este mensaje se les enseña a los participantes a través de la práctica del día a día con conversaciones con los amigos, la convivencia de cada alumno en el grupo y fomentar la curiosidad innata que tienen los niños y adolescentes por conocer el entorno, algo que los pueden enriquecer mucho más que el contacto frío al que nos condenan hoy las redes sociales y los smartphones.