Los tipos de interés más bajos de la historia ya no anuncian recesión en la economía de EEUU

La tasa de interés (nivel de rendimiento) de los títulos del Tesoro norteamericano a 10 años, lo que llamamos el bono de referencia del sistema financiero internacional; alcanzó el 2,85% anual el 16 de febrero de este año; y el valor de los títulos a 2 y 30 años fue en ese momento de 1,7% y 3,1% anual, respectivamente.

 

Esto significa que el valor de los 3 bonos fundamentales de EE.UU. muestra la curva más baja de los últimos 10 años; y la regla en el capitalismo estadounidense es que cuando la curva de rendimiento de sus títulos se aplana en términos reales, y tiende a invertirse, este hecho indica que se aproxima una fase recesiva en la economía norteamericana.

 

Esta regla surgida de la historia está desmentida por lo que sucede hoy en EE.UU. La tasa de crecimiento de la economía estadounidense se colocó en 3,1% anual en los últimos 3 trimestres, casi 2 puntos por encima del nivel alcanzado en 2016 (1,6% anual).

 

El PIB de EE.UU. podría aumentar 4% anual, o más, en 2018 como consecuencia del boom de inversiones que experimenta en este momento, debido al recorte de impuestos aprobado por Donald Trump. Es probable que esta fórmula establecida por la historia de la Reserva Federal no se equivoque respecto al pasado. Pero lo que sucede hoy en EE.UU. es que emerge algo nuevo vinculado a la aparición de la nueva revolución industrial y al boom de inversiones del momento actual.

 

UNCTAD, organismo de Naciones Unidos para el Comercio y el Desarrollo, prevé que las transnacionales estadounidenses que son el 44% del total mundial, repatriarán este año unos 2,4 billones de dólares (de los 3,2 billones que tienen en el exterior).

 

Agrega UNCTAD que un acontecimiento semejante, como es la gigantesca ola de capitales que recibe EE.UU., modifica las tendencias de fondo de la economía mundial en 2018 y transforma la línea directriz del comercio internacional. Más aún, esto cambia en sus raíces el sentido de la acumulación global en esta etapa de la historia del capitalismo, centrada en la globalización.

 

Esto sucede cuando la tasa de inflación norteamericana es 1,9% anual en 2018; y el alza de la productividad se ha recuperado notablemente con un aumento de 1,5% anual en enero de este año, que es preciso comparar con el derrumbe experimentado en 2016 (0,2% en el año), el menor nivel de la historia de EE.UU., por debajo de Japón (0,4% el mismo año).

 

El Instituto Internacional de Finanzas (IIF) reveló que el flujo de capitales a los países emergentes alcanzó a 180.000 millones de dólares en 2017, y que en enero de este año logró un récord de 30.000 millones, el mayor desde 2015. Este flujo de capitales refleja la extrema hiperliquidez del sistema financiero internacional, cuando la economía mundial volvió a crecer por segundo año consecutivo, después de 6 años de estancamiento.

 

La causa de la hiperliquidez es que China está convirtiendo su ahorro doméstico de 5 billones de dólares en ahorro global; y lo hace al ritmo del proceso de internacionalización del reminbi, que culminaría en 2025.

 

De ahí que las tasas de interés del sistema financiero internacional sean las más bajas de la historia, y que esto no constituya un fenómeno circunstancial, sino una nueva era histórica, que comienza.

 

Donald Trump y Xi Jinping acordaron abrir el mercado bursátil chino a las empresas norteamericanas en Palm Beach, Florida, en abril del año pasado. Esto implicó, entre otras medidas, la eliminación de las restricciones a la propiedad extranjera en 2020.

 

Es un mercado de 7,4 billones de dólares que crece 18% anual. Si los ahorristas maduros chinos decidieran invertir en el exterior tienen unos 1,4 billones (20% del total) disponibles. El ahorro se debe a que el PIB per cápita aumenta en China 8,1% anual, por encima del PIB nominal (+6,7% en 2017).

 

La hiperliquidez del sistema financiero internacional, que es hoy 11 veces la economía real del sistema global, acaba de comenzar, y por lo tanto también la era histórica de las menores tasas de interés del capitalismo desde la Revolución Industrial (1780/1840).