El derrumbe de Wall Street desnuda los problema de la economía

El mundo económico se complica. La congestión de datos nos descubre todo el estado financiero mundial. Y no es culpa de Zapatero o del inactivo Rajoy, es la enorme interrelación de los mercados financieros internacionales. Si se quiere, el desmoronamiento de Wall Street ocurrió de golpe, pero la excavación comenzó un mes atrás y no se detiene. Los bonos del Tesoro fueron los primeros en perder sustentación, y al dispararse las tasas largas, cruzaron una línea imaginaria de 2,63% para pisar campo minado. Comenzó el mercado bajista.

 

La Bolsa enfrascada en su carrera alcista continuó asentando récords. Una semana más tarde, la zozobra alcanzó a las criptomonedas, un circuito vibrante aunque marginal que en diciembre obtuvo la venia de los reguladores estadounidenses para habilitar contratos de futuros y fondos dedicados, y amplió el acceso de inversores institucionales y el gran público. Maldita la hora: la fiebre se esfumó y quedó el “enchufe” de los recién llegados. Los bitcoins hoy cotizan a una fracción de sus precios pico, un bitcoin que valía 20.000 dólares en Navidad, en San Valentín cotiza a 7.000.

 

Las acciones no sintieron la amenaza tampoco cuando se zambulló el dólar con el patrocinio del propio secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Stephen Mnuchin, quien ponderó las virtudes de una divisa débil en la mejor tradición de la “negligencia benigna” como en los 60 cuando el general De Gaulle trataba en vano de cambiar los dólares que le sobraban a Francia por oro, previo al colapso de Bretton Woods. Mientras el presidente Trump hablaba del dólar fuerte de manera desmentida lo que es más que una contradicción. Washington avanza sobre asuntos sensibles sin análisis a fondo. ¿Cuál es la política? La que se resuelva cuando el zapato apriete. Guerra de monedas, guerra de comercio, guerra de todo. Se verá sobre la marcha. (La presidencia de Trump es de chiste….perdónenme mis amigos estadounidenses más de derechas).

 

Ni la volatilidad ni el cierre parcial de gobierno apartaron a la Bolsa de rumbo. Récords de flujos de recursos frescos a los fondos de acciones y niveles extremos de apetito de riesgo coronaron un enero espectacular. ¿Qué pasó después? ¿Era sostenible esa constelación tan sesgada de precios relativos? ¿Cómo se produjo el derrumbe? La robusta inflación núcleo de diciembre (+0,3%) estrenó las penurias de los bonos. Pero el viernes 3 se supo que enero despachó un aumento similar de los salarios por hora con un dato acumulado de 2,9% el último año y propinó el lanzamiento a Wall Street a su pedestal. ¿Será que los salarios despiertan del letargo? Pésimo momento. La economía de EE.UU. opera en pleno empleo, la rebaja de impuestos echa más leña al fuego, y las tasas de interés, las que fija la Fed y las de los mercados a largo plazo, acompañaron tal vigor muy a la distancia, dada la tenaz ausencia de correlato inflacionario.

 

La Curva de Phillips desapareció, ¿y ahora tocan alarmas? ¿Resurgen briosos precios y salarios? Habría quizás que ajustar fuerte las tasas y más con un dólar débil para preservar la estabilidad. ¿Quo vadis, tasas largas? ¿Al suave escalón previsto del 3% o, en un extremo, al patrón de antaño, cuando rendían el crecimiento nominal de la economía más una prima adicional, un norte que hoy excedería el 5%? Se apostó al gradualismo, ¿nos aguarda el shock? Si es así, acciones y bonos están en offside masivo, con sus cotizaciones muy adelantadas (y los inversores con las alforjas llenas). ¿El recalentamiento es un hecho demostrado? No. Es la espina de la duda. Y no se removerá pronto. La Fed (y los bancos centrales) procuran que la inflación suba al 2%, su meta. Cuando lo consigan, no frenará allí.

 

La reforma tributaria explica parte del salto salarial. Con el maná de la bajada de impuestos, Apple, Starbucks, AT&T y muchas corporaciones han dado gratificaciones al personal (la mayoría, por única vez). Walmart dispuso aumentos y también recortes de bocas de venta y trabajadores. No es sencillo calibrar el impacto permanente (y sería fácil sobrestimarlo). Líquidas y repatriando utilidades, y con mejores perspectivas de negocios, las compañías podrían alborotar el avispero de la actividad en el corto plazo, aunque a la larga el impacto de la reforma sea moderado. Es probable que el próximo dato exagere la fortaleza coyuntural y ya picó el bicho de la duda. Es tiempo de examen para todos, sin excepción. A las acciones que venían de subir el 40% en dos años sin ningún tropiezo, se les nota el susto de esperar en capilla. Todo confuso todo miedo……como siempre.