Los futbolistas más famosos del mundo

Para bien o para mal, para mejor o para peor, algunos futbolistas no pueden evitar que su cara aparezca en la prensa.

Es cierto que poseer un gran talento natural consigue el respeto y la adoración de todo el mundo en la comunidad futbolística. Pero la categoría de estrella, esa en la que todo el mundo reconoce un nombre, solo se consigue cuando la prensa empieza a prestar tanta atención a lo que sucede fuera del campo como a lo que sucede en su interior.

Algunos jugadores atraen irresistiblemente a los medios de comunicación, así de sencillo. Y aunque muchos disfrutan de ser el centro de atención, otros encuentran la continua vigilancia tan abrumadora, que afecta a la forma en que se encuentran.

Una mirada a la carrera de David Beckham es un buen ejemplo tanto de las presiones como de los placeres atrae el estrellato. Sus enfados durante la Copa del Mundo de 1998 hicieron que fuera expulsado durante un empate crucial con Argentina, y la prensa inmediatamente convirtió a Beckham en el chivo expiatorio de la salida del torneo de Inglaterra, lo que despertó el odio entre sus lectores, tanto que hubo aficionados que terminaron quemando efigies del extremo. Sin embargo, el brillo de Beckham en el campo hizo que finalmente recuperara el favor de los aficionados, y sus cortes de pelo extravagantes, su matrimonio con la estrella del pop Victoria Adams, su imagen elegante y sus traspasos internacionales lo han convertido en el mayor icono del fútbol de los años noventa y la primera década de este siglo.

Beckham fue quizás el primer futbolista que dejó de ser un simple jugador y pasó a convertirse en una marca. Con la evolución de las redes sociales, muchos otros jugadores de talento han seguido su ejemplo. Jugadores como Neymar, Cristiano Ronaldo, Lionel Messi, Zlatan Ibrahimović y Gareth Bale son conocidos en todo el mundo tanto por su imagen como por sus habilidades en el campo, con publicistas y agentes encargados de gestionar su reputación (un trabajo que incluye revisar las publicaciones y publicar contenido promocional en sus cuentas de Twitter, Facebook e Instagram).

Por supuesto, hay algunos futbolistas que siguen despertando un interés que no es apropiado, sin importar cómo se comporten en el campo. A pesar de su pedigrí mediocre como futbolista, Joey Barton sigue siendo bien conocido por sus escenitas temperamentales fuera del campo, que han incluido condenas de cárcel. Igualmente, el talentoso delantero Luis Suárez sigue siendo un continuo tema de debate en el blog de 888sport, porque marca goles con un pie y patea con malicia a sus contrincantes con el otro.

El deporte, por su propia naturaleza, suscita conflictos entre jugadores que compiten unos con otros para conseguir el derecho a ser reconocidos como «el mejor de los mejores». El mundo del baloncesto estuvo obsesionado con la tensión creciente entre Shaquille O’Neal y Koby Bryant en su época con los LA Lakers, y los aficionados al tenis siguen entusiasmados por la rivalidad entre Roger Federer y Rafael Nadal. El mayor conflicto del fútbol es sin duda el que enfrenta a Messi y a Ronaldo, una pelea todavía más sabrosa por los valores contradictorios que representa cada jugador. Lo que hace que la confrontación entre Messi y Ronaldo sea tan fascinante es que no se trata sólo de una competición entre dos talentos magníficos, sino también de una contienda a dos entre el Barcelona y el Real Madrid, Adidas y Nike, una batalla entre las dos mayores marcas del fútbol internacional. Messi y Ronaldo pueden ser diametralmente opuestos, pero sin duda tienen mucho que agradecer a su enemigo. Ambos son superestrellas gracias al otro, y no a pesar del otro.

Muchos de los futbolistas más grandes del mundo pasan por ciclos de buena y mala fama a medida que progresan sus carreras. Sin embargo, los rostros más famosos del deporte moderno no son solo los de aquellos que saben golpear una pelota con habilidad, son las de los jugadores que dividen a la opinión pública y levantan ampollas por su imagen, sus escenitas, y sus personalidades pintorescas.