Chenoa no decepcionó y volvió a regalarnos su desgracia (Vídeo)

Se volvieron a ir los triunfitos. Subidos al escenario primero le dieron marcha atrás al reloj: cuando sean las 22.00 pongan el reloj en el año 2001, parecía que nos anunciaban: cuando el euro se hizo firme con nosotros, cuando Bin Laden puso en jaque a Occidente y Mohamed Atta puso fin a la inocencia surgida del fin la Guerra Fría, devolviéndonos a la realidad de un mundo que nunca había dejado de ser un lugar hostil. El año que Kubrick nos contó.

Fue, sobre todo,según los expertos, el verdadero año del cambio de siglo y de milenio, el de la serpiente en el calendario chino, la creación de la Wikipedia y el de la presidencia de Botín al frente del Santander, ni más ni menos. Y el del nuevo formato ‘talent-show’ musical de Gestmusic, uno que había dormido en los cajones de las cadenas de televisión porque nadie antes había creído en él: Operación Triunfo. Quince años después, RTVE decidió rescatar su éxito histórico y sacarle una nueva tajada: tres domingos y un lunes, tres programas de entrevistas individuales y colectivas con los proyectos que fueron y con sus maestros, incluida la legendaria Nina. Y un concierto.

 

Chenoa

Tres programas de entrevistas individuales y colectivas con los proyectos que fueron y con sus maestros, incluida la legendaria Nina. Y un concierto.

 

El concierto dejó claro el porqué del éxito de unos y el fracaso inevitable de otros: la misma lógica del concurso. Expulsados que se quejaron de no haber podido ejemplificar su talento y lograr el ansiado éxito, dejaron sobre las tablas una nueva muestra, quince años después, de las razones que adelantaron su salida de la Academia antes de la final. En cambio, los vocalistas que llegaron a los confines de la aventura demostraron la razón última de su triunfo. Singularmente Bisbal, ya que Rosa puso una vez más en evidencia que con ella se apostó por apoyar al necesitado de amor y autoestima. Bisbal, Bustamante o Chenoa.

 

Lo había dicho Chenoa: “Yo en chandal no salgo más”

 

Lo había dicho Chenoa: “Yo en chandal no salgo más”, con el fin de, negándose a sí misma, reivindicarse plenamente. Es más, con el afán de mostrar el logro de la madurez profesional y afectiva al mismo ritmo de emociones, gestos y sensaciones. Ella quiso transmitir que ya había salido del laberinto aquél y que la normalidad presidía su existencia. Tanto así que la antológica frase pasaba a ser hasta leyenda de ropa, mito descarnado bajado del Olimpo para avituallamiento de fans y risas frente a los sinsabores.

No sabía Chenoa, que sobre las tablas del escenario, en el prime time de la televisión pública, en la Era de los memes, Gifs, Whatsapp, Twitter, Instagram, Facebook o Pinterest, la prensa digital leonina y el vídeo como lenguaje de la segunda década del siglo que nació con su éxito, habría de caer de nuevo en las fauces de la tragedia, en el mismo modo, por la misma causa, con el mismo tema.

 

Bisbal y Chenoa cantaron “Escondidos”, de los compositores Rudy Perez y Mauricio Abaroa, una estrella luminosa en el firmamento de sus carreras

 

Y así fue: en el Palau San Jordi, ni más ni menos, en la red virtual que no actúa como protección ante la caída sino como maraña que atrapa y enreda hasta ahogar sin piedad. Bisbal y Chenoa cantaron “Escondidos”, de los compositores Rudy Pérez y Mauricio Abaroa, una estrella luminosa en el firmamento de sus carreras, la línea de salida de su carrera, la impulsora de aquella infructuosa historia de amor, que eclipsaría para siempre la versión original cantada por Christian Castro. Chenoa, tres años de historia de amor con final infeliz, recogido una vez más, como aquél ingenuo ‘canutazo’ de despechada que recorrió las pantallas de la España curiosa, ahora en la amarga secuencia, apenas unos 12 segundos de realidad mortal, a la vista de una nueva generación, y de las anteriores. Una vez más, Chenoa cae derrotada.

Ya le hubiera gustado cantar escondida.

Y se fueron otra vez los triunfitos