Viajes de fin de curso: nueva actividad de aprendizaje escolar

Atrás han quedado aquellas clases en las que el profesor explicaba y los alumnos recibían la información y tomaban notas. Las clases han ido virando hacia un nuevo concepto en el que incluso los escenarios de aprendizaje se han transformado y cambiado, siendo cada vez más frecuentes las salidas de campo para vivir y experimentar en primera persona lo que se desea enseñar y transmitir.

Cada vez son más los centros escolares (colegios, institutos e incluso universidades) que incluyen dentro del currículo académico de cada asignatura escapadas que permitan al estudiante conocer en profundidad y desde una perspectiva experimental. Pero, como es normal tanto desde el punto de vista de la economía del estudiante como por la situación que se está atravesando, no se pueden plantear tantos viajes como se desea, por lo que el formato de viajes de fin de curso es el perfecto para conseguir tales fines. Los viajes de fin de curso ya no son aquellas escapas en las que solo reinaba la esparcimiento y el desenfreno, sino que se han tornado en experiencias culturales con grandes dosis de diversión bien organizadas.

Los profesores ya no temen a acompañar al grupo escolar en su viaje fin de curso, ya que incluso puede suponer una experiencia muy gratificante en la que todos salen ganando. Se plantean como una extensión de lo que se ve en clase, sin olvidar nunca que no deja de ser un viaje de celebración.

Existen algunos puntos clave por lo que tanto estudiantes, como padres y colegios son cada vez más proclives a incluir al menos un viaje fin de estudios cultural en su agenda anual: inversión en el futuro académico del joven estudiante y la práctica del idioma.

INVERSIÓN PARA EL FUTURO ACADÉMICO

Desde el momento en el que a los viajes de fin de curso se les añade un valor cultural a través de actividades de visita a monumentos, excursiones por la naturaleza, inmersiones lingüísticas, etc., el concepto de pago no es tal sino que se convierte en una inversión para el presente y futuro académico del joven estudiante. Sin bien es un esfuerzo económico para un gran número de familias españolas asumir el coste de los viajes de fin de curso (la media suele rondar los 350-400€ por estudiante), ese esfuerzo se torna menos sacrificado si se ve claramente el beneficio cultural para el pupilo.

Por tales motivos, es altamente aconsejable escoger viajes con rutas bien establecidas y repletas de actividades diarias. Por supuesto, no olvidemos dejar tiempo de descanso o simplemente de ocio para que los más jóvenes encuentren su momento de esparcimiento personal.

LOS PADRES, CONVENCIDOS

Si el gastos económico es grande, el convencimiento de los padres a la hora de abonar estos viajes de fin de curso es mucho mayor si ofrecen una alta carga cultural y de aprendizaje. Si hace unos años era típica la escena en la que un estudiante debía prescindir de su viaje fin de estudios porque no podía permitírselo económicamente, ya no es tan frecuente dicha estampa. Para los padres no cabe duda alguna que estos viajes supondrán un plus en el aprendizaje de su hijo o hija, y articulan su día a día de otra manera para poder asumir dicho gasto.

Tampoco es ya tan frecuente los miedos por parte de los padres a que les ocurra algo a sus hijos, que realicen actividades peligrosas, etc., ya que prácticamente toda la oferta de viajes de fin de curso giran en torno a experiencias culturales.

ESCAPADAS DE OCIO CON PLUS DE APRENDIZAJE

Si los viajes de fin de curso no ofrecen ya de por sí suficientes motivos para confiar en ellos como experiencias culturales y de aprendizaje, hay una nueva modalidad que cada vez se está extendiendo más por nuestro país: un viaje fin de curso con idiomas. Si bien los días que suelen emplearse del año escolar en la realización de un viaje fin de estudios son pocos y escasos, algunas agencias de viaje suelen ofrecer experiencias que exprimen al máximo las horas y ofrecen una exitosa inmersión lingüística

Los viajes de fin de curso a Londres  se ponen en la cabeza de los destinos más solicitados, existiendo precios muy económicos que aúnan diversión y precios bajos. Destinos como Malta  (por su combinación de sol, playa e inglés) o Dublín  le siguen muy de cerca.