El PSdeG de Leiceaga se hunde y acaba ahogado por la Marea

El PSdeG ha cosechado unos resultados terribles.  Ni una palabra de su ‘líder’ reconociendo el absoluto fracaso de su estrategia. Una intervención que bien habría podido quedar sin producirse: el reflejo en la noche electoral del estruendoso fracaso social y político en las urnas.

No está en el ADN del Partido Socialista convivir con la derrota, más bien lo contrario. Puede que Leiceaga no lo sepa. En la esencia del socialismo democrático desde la transición está la construcción de mayorías en torno a su proyecto para gobernar y transformar, desde las instituciones, la realidad. Pero desde un tiempo a esta parte, el proceso es el contrario. Camina, paso a paso, sobre derrotas, a los márgenes de la centralidad, intentando demostrar su utilidad sobre estrategias de pactos que hagan valer su peso político mediante una aritmética táctica no desde una visión mayoritaria. De un tiempo a esta parte, la acumulación de malas noticias daña las oportunidades para el futuro.

Si a eso se le añade el peso del conflicto interno, la realidad sumerge al partido centenario en un pantano de enfrentamientos que paga su coste en las urnas. El modelo retroalimenta las desgracias: derrotas, peleas, derrotas, peleas.

Hay un nuevo paradigma en esta situación. La producida en Galicia con el candidato socialista que eligió que el conflicto era bueno que fuese agitado antes de la cita electoral. Y, quién sabe si para prevenirse de lo que él mismo ya imaginaba como su calvario electoral, prefirió la purga de las listas desoyendo los nombres fijados por militantes y órganos democráticos.

Leiceaga diseñó una estrategia para conservar el control interno que para convencer a los gallegos

 

La sanción legal de semejante actitud, en los despachos de Ferraz. Militantes candidatos avalados por las bases, cuadros y órganos de Pontevedra, fueron excluídos para colocar personas que carecían de la confianza de militantes, cuadros y órganos de Pontevedra, y singularmente de Vigo, donde, recordemos, su alcalde cuenta, a su vez, con la confianza de la inmensa mayoría de la ciudadanía y, por tanto, de los electores. Los que no ha tenido en cuenta el señor Leiceaga gracias a sus ardides. De esta forma se consagra el hecho más temido en un partido con vocación de gobierno: que le interesa más el control interno del poder que el éxito electoral, es decir, que la confianza de afiliados y simpatizantes, votantes y ciudadanos. lo importante, compañero, es quién manda, no quién gana., parece oírse.

 

Los que ganan elecciones fueron excluídos, los que las pierden ahora deben asumir su responsabilidad

 

Los resultados electorales no son abstractos. Son, por el contrario muy concretos: tienen mucho que ver con el comportamiento político de los candidatos. Y su interés por lo que quieren, piensan o defienden los electores. No se trata de renunciar a la dirección política, se trata de ejercer el liderazgo político blandiendo como arma el diálogo y el compromiso y no la imposición y el tacticismo vergonzante que se resuelve, contra la voluntad de la mayoría, en los despachos donde mandan los amigos.

Es evidente, tanto en Galicia, al igual que en el conjunto del país, que solo políticos audaces que se atrevieran a ello y decidieran asumir ese papel, serían capaces de neutralizar la implosión de Podemos puesto que es una fuerza política que si bien irrumpe, no termina de destacar ni de afianzarse como verdadera alternativa. La Marea ahoga al PSdeG, pero por los propios errores de los socialistas. El Bloque, y sus resultados, son la prueba del nueve.

La derrota electoral gallega tiene responsables, nombres y apellidos. Un buen candidato, unas buenas listas y un buen discurso político hubiera podido con esto.