¿Será el fin de la monarquía más antigua del mundo?

Akihito es el nombre del emperador japonés que pertenece a la monarquía hereditaria más antigua del mundo y que últimamente esta en boca de muchos medios de comunicación. ¿Pero quién es realmente Akihito? La dinastía japonesa, monarquía hereditaria más antigua, se denomina Dinastía Yamato. La Casa Imperial japonesa reconoce la legitimidad de los 125 monarcas que han ido sucediendo desde el Emperador Jimmu, fechado el 11 de febrero de 660 a. C hasta llegar a la persona que hoy nos ocupa. Akihito, octogenario con estudios en Ciencias Políticas y con voz melosa, ocupando el escalón 125 de la monarquía japonesa, distinguida del resto por sus sombras y sus fuertes tradiciones. El Emperador es la figura de máximo sacerdote en la religión ancestral Shintō y la ley dictamina que sólo puede heredar esta figura aquel descendiente que sea varón.

Akihito se caracteriza por ser un monarca moderno, y desde luego no es la primera vez que hace algo que provoca tantas reacciones y titulares en los medios de comunicación. En el año 1959 se saltó por completo las tradiciones y se casó con una plebeya, hija de un comerciante de cereales a la que conoció en un club de tenis, provocando una tormenta en los cimientos de la dinastía japonesa al ser el primer miembro de la familia imperial en casarse con una mujer desligada por completo del mundo monárquico, acercando más la familia imperial al pueblo. Algo que también ha resultado polémico durante su reinado han sido las innumerables veces que el mandatario, pese a las críticas recibidas desde los altos cargos políticos, ha expresado su rechazo por las actuaciones de Japón durante la Segunda Guerra Mundial y ha tratado de subsanar el daño mediante peregrinaciones a aquellos lugares en los que tuvieron lugar barbaridades llevadas por el ejército nipón en Asia.

Propone como sucesor a su hijo

Sus esfuerzos por actualizar a la sociedad nipona siguen su curso. En su último mensaje ha expresado su deseo de abdicar dando como razones su avanzada edad y sus muchos problemas de salud, que no le permiten, según él, desempeñar su función en plenas facultades, como sucesor del cargo ha propuesto a su hijo, Nahurito. Su empeño por dejar el trono no cesa, por ello plantea una reforma en las leyes para dar cabida a su abdicación. Pero por el momento las leyes le obligan a permanecer en el cargo hasta su muerte. Esta es la segunda vez que se dirige de manera directa al pueblo japonés, la primera vez fue el 16 de marzo de 2011 transmitiendo un mensaje a los afectados por el seísmo y tsunami de Fukushima que dejó 18.500 muertos y desaparecidos.

Sin embargo, sus esfuerzos por abdicar podrían ser en vano, ya que la legislación no contempla la renuncia al trono y sólo podría producirse esta situación en caso de enfermedad grave o psíquica que dificulte su continuidad en el cargo. Una vez finalizada la resolución del Consejo de la Casa Imperial, el Gobierno deberá aprobar un proyecto de ley que tendrá que ser avalado por la mayoría del Parlamento. Si este entramado tan complejo llegara a buen puerto, nos encontraríamos ante un episodio inaudito ya que la última vez que un emperador japonés dejó el trono fue hace nada más y nada menos que 200 años, cuando el emperador Kokaku renunció en 1817.

Akihito todavía tiene opción de poder hacer realidad su sueño: jubilarse.