Todo empezó el día en que todo tenía que haber terminado

Todo empezó el día que todo tenía que haber terminado.

Los personajes del drama: Morate, un joven lleno de ira y rabia. Su ‘novia’, Marina Okarynska, que le había dejado poniendo fin a un noviazgo complicado. Marina se había ido a Ucrania, se había casado con otro ocho hombre meses después de la ruptura. Todo había terminado. Laura, la fiel amiga de Marina que se vio envuelta en la tragedia.

Una llamada de teléfono fue el desencadenante de todo lo que habría de suceder sin remedio. Marina, y su fiel amiga Laura, no sabían que Morate tenía preparada su “venganza”.

Marina, de regreso a Cuenca, quería recuperar algunas cosas que se había dejado en la casa que ambos habían compartido. Llamo a su ex y concertó con él una vista a la vivienda para recogerlas. No se sentía segura yendo sola, por eso, llamó a su amiga Laura del Hoyo para que le acompañase. Marina entró en la casa y Morate se encargó de cerrar bien la puerta con llave.

Entraron a una habitación juntos mientras Laura esperaba fuera cuando escuchó un ruido extraño, asustada, abrió la puerta de la habitación y fue cuando intentó huir al ver que había estrangulado a su amiga. Morate se asustó, y “no le quedó más remedio que matarla, dándole un golpe en la cabeza”. Como él confesaba después “todo se había complicado”. Ahora no se tendría que hacer cargo de un cuerpo, sino de dos. Había comprado cal tres o cuatro días antes del crimen para una, en un establecimiento de Cuenca. Eligió el nacimiento del Río Huécar, cerca de la casa donde residen sus padres, en Palomera, a pocos kilómetros de la capital. Allí cavó un hoyo  y las enterró a las dos en cal viva, tapándolo después. Una vez detenido, confesó haber tenido agujetas una semana más tarde.

Preocupación de sus familiares

La noche del 6 de agosto, los padres, ante la falta de noticias tanto de Marina como de Laura y de Morate, denunciaron la desaparición de estos en la comisaría de la policía. La primera hipótesis fue una escapada de fin de semana. Días después, Cuenca estaba repleta de carteles con las caras de las dos jóvenes.

Fue el 12 de agosto cuando un transeúnte vio los cuerpos; al parecer, el agujero era muy pequeño y uno de los cuerpos sobresalía por encima de la tierra de la fosa; posteriormente, fueron identificados como los cuerpos de Marina y Laura.

Morate, que se encontraba en paradero desconocido, había conducido en su seat Ibiza verde hasta Rumanía, donde fue localizado mediante la monitorización de su teléfono siete días después de la denuncia, ya que para la policía ya era el sospechoso principal.

Un descuido que fue el detonante 

Los cuerpos de las dos jóvenes aparecieron muy deteriorados, debido al  fuerte calor y por los efectos de la cal viva. A la policía no le fue fácil hallar pruebas para demostrar la autoría del crimen. Morate no utilizó armas de fuego ni tampoco armas blancas. En el apartamento no había restos de sangre. Fue registrado en tres ocasiones. Tampoco el coche pudo ser presentado como prueba concluyente.

Lo que si revelaron las autopsias es que Morate se empleó con una violencia brutal. Los antecedentes de este hacen que no se descarte la comisión de abusos sexuales durante el crimen.

Fue junto a la fosa donde se encontraban los cadáveres de las dos jóvenes donde la policía encontró una botellita pequeña con la Virgen de Fátima  igual a las que que al parecer la madre del por entonces presunto asesino, tenía en su casa.

Morate no mostró resistencia en su arresto. Fue el 5 de septiembre cuando regresó a España, cuando el juez decretó prisión sin fianza. En este momento se encuentra cumpliendo su pena en la prisión madrileña de Estremera.

A día de hoy 

Se cumple un año de los fallecimientos de las jóvenes y son momentos muy difíciles para los familiares. Agradecen las muestras de cariño recibidas desde ese fatídico día hasta ahora y han pedido justicia.

El pasado día 6 se les dio un homenaje en el Paseo de Huécar al que asistieron 300 personas. El acto comenzó con un sentido abrazo de las madres de las dos jóvenes. Más de 2700 piezas de mármol negro y granito blanco con los nombres de Laura y Marina y 4 metros de diámetro constituyen el memorial en su recuerdo. Junto a él, familiares y amigos depositaron rosas blancas.