La complicada conviencia entre turistas y vecinos

En 2016, hay turistas para dar y tomar…en España. La salida de la crisis a nivel global, la amenaza terrorista y el empuje de las clases medias en los países emergentes -que consideran viajar como una prueba de acceso a su nuevo estatus social- han cambiado el punto de mira de muchos veraneantes, extranjeros y nacionales, y las previsiones se han quedado cortas. El cartel de ‘no vacancy’  se ha colgado en todo el territorio nacional y se han quedado cortas las previsiones de un aumento del 5% en las cifras de visitantes.

En algunas zonas se ha superado con creces esta previsión de la OIT y los niveles de ocupación superan el 15%  de lo planificado para este verano. Como en Barcelona o Palma de Mallorca, donde la saturación del espacio público obliga, tanto a administraciones, turistas o tour operadores a afinar, para diversificar la oferta. Al calor de esta nueva demanda surgen iniciativas como City Tellers, que potencia además de las tradicionales visitas guiadas a la ciudad, alternativas turísticas que pasan, por ejemplo, por aprender a comer como un barcelonés.

Ofertas en línea con las recomendaciones que el propio ayuntamiento de la Ciudad Condal apuntaba en 2013, «Las nuevas formas de turismo, como el ecológico, el urbano, el de aventura, el de negocios, el cultural o el gastronómico marcarán las tendencias del sector», recoge en su informe.

La guerra por el espacio público

En principio la calle es de todos, pero hay que evitar el conflicto entre turistas y vecinos, especialmente en los barrios o zonas históricas. Sobre todo si tenemos en cuenta que en Barcelona -la tercera ciudad española en número de turistas- por ejemplo, el número de visitas o de pernoctaciones (7,6 millones y 16,5 millones respectivamente) que reciben al año hacen que el número de habitantes por momentos se triplique o cuadriplique y las ciudades no son elásticas. Como todas, están fundamentalmente pensadas para vivir no para estar de paso, aunque ese es otro debate.

Lo cierto es que, como subraya el Plan Estratégico de Turismo de la Ciudad de Barcelona, «hay que asumir que el turismo se convierte en un elemento claramente estructurante de la ciudad, puesto que su actividad incide de manera transversal en el conjunto de la sociedad y afecta a su vida económica, social, cultural y territorial en múltiples vertientes».

Según el estudio Global Destination Cities Index elaborado por MasterCard, una actividad que reporta en torno a los 12.313 millones de euros anuales a la capital catalana, y que genera en torno a 100.000 puestos de trabajo directos sólo en el sector de la hostelería.