El mercado de las armas en Europa #En140″

Aunque sobre el papel parece difícil, lo cierto es que hacerse con un arma en Europa es de lo más fácil. Los últimos atentados en Munich, Asbamn, Niza o París así lo demuestran. Los terroristas o desequilibrados que han protagonizado las noticias de los días pasados han podido equiparse para matar acudiendo al mercado negro de las armas de fuego. Según la ONU, este negocio mueve cerca de 300.000 millones de euros al año, casi un 0,5 por ciento del PIB Mundial.

En la UE no existe una única legislación aunque a grosso modo los requisitos para tener un arma de fuego destinada a la caza o al deporte del tiro exige ser mayor de edad, tener un pasado judicial limpio y estar en plena posesión de sus facultades mentales. Con estos requisitos, Suiza, Finlandia y Chipre son los países Europeos con más armas entre civiles 40 por 100 habitantes, mientras que en Alemania habría unas 30 armas por cada 100 habitantes,  tres veces más que en España.

De estas, mas de medio millón de armas legales de la Unión Europea se han perdido o se han robado y engrosan las filas del mercado negro. Pero no solo por las fronteras circulan las armas de fuego, Internet es la vía mas consultada para conseguirlas. Los delincuentes se anuncian en Internet numerosas veces con la mala excusa del coleccionismo. Cualquiera que quiera puede comprar un Kaláshnikov en el mercado negro de Bruselas sin gastar mucho esfuerzo, unos  periodistas después de los atentados de París tardaron apenas seis horas en conseguir ilegalmente un AK-47 por dos mil euros.

Los delincuentes o terroristas les basta con ir a las fábricas totalmente legales de la República Checa y Bulgaria para conseguir las armas. Fuentes policiales declaran que numerosos de los empleados trabajan para las organizaciones criminales búlgaras. Sacan las armas pieza a pieza y las desvían para el mercado negro.

Otras industrias de armas del Este de Europa también ha facilitado este mercado negro. En la República Checa, muchos de los empleados de fábricas no cobran y se buscan la vida para sacar material antes de irse con las manos vacías.

Una preocupación añadida para la policía en el desigual combate contra los terroristas.