Sillas, mesas y cristales en el aire #En140″

Al final, el mantra de la Eurocopa hace aguas por la parte más insospechada: por los hoolligans. Tras meses pendientes de los malvados terroristas islámicos y preveniendo estadios y ciudades de la amenaza del Daesh, a los franceses se les ha olvidado lo más obvio: cuidarse de los aficionados violentos y proponer algo tan sencillo como decretar la Ley Seca en las inmediaciones de los estadios. Y no será por falta de antecedentes.

El caso es que tres días después del inicio de la competición, más de 30 personas hospitalizadas una de ellas grave, decenas de detenidos e imágenes recorriendo el mundo de auténtica guerrilla urbana en las calles de Marsella, Niza o Lille o en el interior de los estadios, el ministro del interior francés se ha dado cuenta que hay fallos de seguridad, y que algo tan elemental como controlar la venta de alcohol en los accesos no se ha hecho. Aunque más grave ha sido el permitir el acceso al campo de fútbol portando de una pistola lanza bengalas, que podía a ver causado alguna tragedia.

El vandalismo en esta Eurocopa no solo es patrimonio de los holligans ingleses, es lugar común, de momento y si la autoridad no lo remedia, entre los hinchas rusos, ucranianos y también alemanes.

A la falta de olfato de la policía francesa, capaz de rastrear a distancia los mensajes del Daesh pero incapaz de detectar una quedada para partirse la cara entre aficiones rivales, viene la reprimenda de la UEFA. Palabras, porque se queda en eso, en una amenaza con aplicar sanciones a las selecciones y mandarlos a casa en caso de que sus aficionados vuelvan a cometer acciones violentas.

Parece que no hemos aprendido nada de la catástrofe de Heisel.