26J, el debate: “…Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos”

Más allá de las propuestas, ya conocidas, el debate se abrió y se cerró con la pegunta del KO, cómo o con quién está dispuesto a pactar el 26J para evitar unas terceras elecciones y no saltó el gordo. Los cuatro candidatos, ataviados como esta previsto para la ocasión: traje y corbata para los líderes de los partidos tradicionales, sin encorbatar Rivera y remangado y con camisa blanca Iglesias, coincidían en apostar que no habrá tercera vuelta electoral. Pero cada uno, encastillado en un argumentario que ya fracasó en la pasada legislatura: paso a la lista más votada (Rajoy), si de mi depende habrá gobierno de cambio (Rivera), o Rajoy o Gobierno de cambio presidido por mí (Iglesias) o yo lo intenté, pero ni Rajoy ni Iglesias me dejaron (Sánchez).

Aunque la atonía se rompió cuando salto a la palestra el asunto de la corrupción, durante el segundo bloque. En ese momento, saltaron los reproches, las acusaciones sobre financiación irregular de los partidos, el tú más -en alusiones y referencias a los políticos de los partidos inmersos en proceso judiciales y ¡cómo no! Venezuela y la posición de Podemos en torno al gobierno chavista de Maduro.

 

De las acusaciones cruzadas a la pinza del 20D

Pedro Sánchez ha insistido desde el inicio del debate en su denuncia a la ‘pinza’ que, a su juicio, hizo Pablo Iglesias con el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, para impedir un gobierno socialista. Así, Sánchez ha cuestionado el interés de Iglesias por los derechos sociales y ha recalcado que, cuando hubo que negociar después del 20D priorizó el control de la justicia, la policía y los espías. Del mismo modo, la sonrisa se esbozaba en el rostro del candidato socialista cuando Iglesias aseguraba que tiene su “mano tendida” para poner en marcha un gobierno de coalición progresista, y le espetó que agradece esa “mano tendida”, pero le ha pedido que antes “suelte la de Rajoy”, porque en marzo “juntos votaron en contra” de su investidura.

Una crítica que subió de tono cuando remató que Podemos dice que quiere “recuperar derechos sociales”, pero a la hora de la verdad va a “anteponer otro derecho” a estos, que es el de autodeterminación.

Un debate sin propuestas novedosas para el 26J

A las recetas ya conocidas sobe la situación económica, el déficit y las políticas sociales, pocas novedades también. Rajoy apeló a un argumento ya utilizado y con éxito por Felipe González en el 82: los platos rotos de la economía solo se pagan creando empleo, en cambio, la oposición en bloque pusieron el acento en la lucha contra el fraude para hacer aumentar la hucha del Estado. A saber, del pragmatismo de Rivera de la mejor política social es la que se pueda pagar y una redistribución de las cargas fiscales entre los españoles de socialistas y Podemos.

“Aquí no se viene a hacer prácticas, al Gobierno se viene aprendido”, sentenció Rajoy en un momento del debate, pero parafraseando a los clásicos, lo que ocurra el 26J se aproxima más esa sentencia del romance medieval sobre los resultados de otra batalla, la de Guadalete: “Vinieron los sarracenos / y nos molieron a palos, / que Dios ayuda a los malos / cuando son más que los buenos”. Es decir, que todo dependerá de si la izquierda suma más escaños que la derecha o viceversa.