El Papa Francisco, ¿revolución o marketing?

 

El Papa Francisco ha dado que hablar desde el mismo día que fue nombrado el nuevo Pontífice en 2013. Un Papa social que ha expresado varias ideas de carácter revolucionario para la Iglesia. Se ha convertido en poco tiempo en una de las figuras más populares en Twitter. Sus detractores dicen que las ideas lanzadas por el Papa Francisco, sociales, eclesiásticas y políticas pueden suponer más una estrategia de marketing más que una revolución. Pero la cuestión es que ha emprendido pequeños cambios que han supuesto grandes avances a la hora de remover conciencias.

 

El Papa acepta en la Iglesia a las mujeres que abortan, divorciados y homosexuales

 

El Papa a roto con el modelo de la familia tradicional. Dentro de la doctrina católica el aborto es un pecado grave. Así el Papa firmó una carta en la que anuncia el permiso temporal para que los sacerdotes perdonen a las mujeres que abortaron y que estén arrepentidas, un perdón que solo podrá ser concedido hasta el 20 de noviembre de 2016, es decir, durante el Jubileo de la Misericordia o Año Santo.

“Pienso en las mujeres que han tenido que recurrir al aborto. Conozco bien los condicionantes que han tenido que enfrentar y sé que es un drama existencial y moral”, asegura el Papa.

También sorprendió cuando abrió la puerta a nuevas estructuras familiares, al hacer referencia a aquellas personas que se han divorciado y posteriormente han vuelto a tener una pareja. La doctrina católica sostiene que los divorciados incumplen con el sacramento del matrimonio, por lo que quedan excomulgados. El Papa reclama para ellos disponibilidad, afirmando que muchas veces una separación es moralmente necesaria para proteger al cónyuge más débil a los hijos si los hubiera.

La tardía aceptación de la Iglesia en multitud de estilos de vida que en la sociedad ya se han adoptado hace años, por ejemplo el tema de la homosexualidad. El aperturismo del Papa ha abierto la posibilidad de recibir la Iglesia con los brazos abiertos a los homosexuales.

“Si una persona es gay y busca al Señor y tiene buena voluntad ¿quién soy yo para juzgarlo?.”El catecismo de la Iglesia Católica lo explica muy bien. Dice que no deberían ser marginados por ello, sino que deberían ser integrados en la sociedad”. Aunque el pontícife si insiste en que los matrimonios homosexuales no son equivalentes a los heterosexuales.

Abusos sexuales, el rol de la mujer en la Iglesia y la reforma en la Curia Romana

 

De puertas para dentro hay varios temas delicados en los que Francisco ha intentado poner orden. Como en el de la implicación de la Iglesia en asuntos de abusos sexuales especialmente a menores. En este sentido, el Pontícife ha creado un tribunal para los casos de abusos sexuales, para luchar contra la pedofilia dentro de la Iglesia. Un nuevo tribunal específico por el que pasan aquellos obispos que ignoren o no hagan un seguimiento de las denuncias de abusos sexuales, además de la inclusión de un nuevo delito canónico, abuso de oficio episcopal.

 El Papa quiere además más un cambio del papel de la mujer en la Iglesia y una mayor presencia. “Sería un bien para la Iglesia constituir una Comisión que estudie la posibilidad de que las mujeres accedan al diaconado”. Un cambio que lleva reclamando desde 2013, diciendo frases como “no podemos limitar a las mujeres monaguillo, a la presidenta de Cáritas, a la catequista; hay que hacer una profunda teología de la mujer”. También en 2014 y en 2015 volvió a destacar la urgencia de una mayor presencia femenina en las comunidades. Y de las palabras ha pasado a la acción incorporando mujeres en la Comisión Teológica Internacional y a la nueva Comisión Pontificia de Protección de Menores.

Y la modernización de la Iglesia también implica un ejercicio de transparencia. Un vaticano más transparente, con la reforma a la Curia Romana, que fue la primera medida importante en donde el Vaticano y el Gobierno italiano han firmado un acuerdo en materia fiscal que levanta el secreto bancario con el objeto de intercambiar informaciones financieras. Francisco impulsó reformas al Banco Vaticano instaurando controles más estrictos a las cuentas bancarias.