Resumen de la semana #En140″

Con permiso del fútbol, la semana se ha escrito en clave de guerra. La que se sigue librando, quince años después en Afganistán, y la que se prolonga desde hace seis en Siria. En Afganistán, el relevo en los talibanes forzado por la muerte Al Mansur en un bombardeo de los estadounidenses se ha hecho con un atentado en Kabul con 10 muertos.

Hebatulá Ajundzada, el nuevo mulá de este grupo, ha querido demostrar de este modo que no hay cambios políticos en la posición de los talibanes, que no hay un freno en la lucha.El Gobierno de Afganistán esperaba que tras su desaparición, las conversaciones de paz con el grupo insurgente se tornaran más sencillas.

No muy lejos, en Iraq, el Daesh, otro grupo islamista radical, se han topado con un enemigo inesperado: las mujeres soldados. Su extremismo religioso considera que aquel que muere en una guerra a manos de una mujer no alcanzará el paraíso. La historia de esta milicia femenina se remonta dos años atrás, cuando el Estado Islámico atacó  una comunidad yazidí que vivía en las montañas de Sinyar, en el noreste de Irak. Sufrieron una persecución en donde los hombres y los niños fueron capturados y ejecutados y 300 mujeres las obligaron a matrimonios forzados, violaciones y esclavitud. Un año después, 30 mujeres se han convertido en la última línea de defensa contra el Daesh en Sinyar.

Mujeres que no tienen tiempo para pensar en hijos, ni en formar una familia, pues el grupo terrorista les ha arrebatado todo cuanto tenían.

Una razón muy diferente es la que empuja a las españolas a renunciar a la maternidad.  La situación laboral y económica es la culpable, un informe elaborado por la fundación Más Familia revela que un 60% de las empresas no incluyen una política de conciliación. El resultado es que a corto plazo habrá más muertes que nacimientos. Para que la tasa de natalidad vuelva a superar a los fallecimientos es necesario que nazcan 712 niños más cada día.

Y también los niños son los protagonistas en Indonesia. El trabajo infantil es una suerte de esclavitud moderna que se vuelve más cruel resulta si este trabajo además provoca cáncer. Un informe de la ONG Human Rights Watch revela que este país utiliza a niños en las plantaciones de tabaco, algunos de apenas 8 años.

Los niños entrevistados se quejaron de vómitos, naúseas, dolores de cabeza y mareos, efectos secundarios del envenamiento de la nicotina que absorben a través de la piel durante la manipulación de las sustancias.

Quizá no estaría de más que a los rótulos sobre los problemas sanitarios que causa el tabaco se añadiera uno de las empresas garantizando que la cajetilla no haya sido producido con trabajo infantil.