El paro castiga a mujeres, gentes sin estudios y a 1,6 hogares

Las estadísticas siempre precisan de una segunda lectura, y si hablamos del desempleo de una tercera o cuarta, porque tras los números se camuflan historias personales que encierran graves problemáticas sociales. Así que tras las declaraciones más o menos optimistas en torno a la salida de la crisis económica nos adentramos un poco sobre los datos de la Encuesta de Población Activa del primer trimestre de 2016.

El dato más llamativo, por lo que encierra de drama, es que aumenta el número de hogares donde todos sus miembros en disposición de trabajar están en paro. 1.610.900 familias que dependen de los subsidios o de la economía sumergida para poder sobrevivir. Una cifra que ha crecido en 53.000 hogares. Es como si en este periodo, una ciudad como Huesca, por ejemplo, perdiera de golpe todo su empleo.

Un drama que se amplia si se tiene en cuenta que de ese millón y medio de hogares sin recursos, 400.000 personas viven solas, es decir, que estas personas están condenadas a sufrir por la falta de ingresos, la pobreza energética, no poder afrontar hipotecas o alquileres o simplemente, quedar fuera del sistema sanitario, ya que no percibir subsidio implica perder protección sanitaria y no poder sufragar el coste de los medicamentos.

Otro dato a destacar. El paro sigue castigando con dureza a las mujeres. Dos de cada tres puestos de trabajo destruidos estaban ocupados por mujeres. Las paradas aumentan en 21.500 durante los tres primeros meses de 2016. El dato es lo suficientemente llamativo para que ustedes saquen sus propias conclusiones.

Hay todavía otro dato destacable. Toda la destrucción de empleo procede de trabajos temporales, que afectan a construcción, agricultura y servicios. El empleo ha crecido únicamente en la industria. Es decir, hay que preguntarse si la reforma laboral sirve para recuperar a la población que perdió el empleo cuando estalló la crisis.

Los sin estudios, o si lo prefieren, los que no tienen especialización, un oficio, están abocados a la discontinuidad en el empleo. Es decir, el mercado laboral en España tiene un problema estructural, una situación de la que no saldremos hasta que los parados no sean reciclados y reciban la formación necesaria para acceder a otro tipo de empleo.