Las abuelas de la plaza de Mayo pierden a una de las históricas

María Esther Biscayart de Tello, histórica del movimiento de las madres de Mayo, ha muerto. Su vida estuvo marcada por la represión de la dictadura en Argentina en 1976. No solo desapareció su marido, también sus hijos Rafael y Pablo, que fueron trasladados al tétrico y siniestro Centro de Detención y Tortura (CCDT) Atlético-Banco Olimpo. A finales, de la dictadura su sobrino “Carlón” Pereyra Rossi fue secuestrado junto a Osvaldo Cambiasso en Rosario y asesinado.

María Estther Biscayart luchaba denodadamente porque diera comienzo el juicio que acabó con su sobrino.

Esther formaba parte de ese grupo de mujeres, madres, esposas y abuelas de los ‘desaparecidos’ en Argentina tras el golpe de Estado militar en Argentina comandado por el general Videla en 1976, que reclamaban información sobre su paradero. Y es que tras el golpe comenzó la persecución de disidentes y militantes de partidos democráticos y sindicatos.

Días después de tomar el poder, el sábado 30 de abril de 1976, un grupo de mujeres acudió a la Casa de Gobierno. Intentaban entregar una carta al presidente de la nación para que les informara sobre qué había pasado con sus familiares. Nadie les recibió y decidieron acudir cuatro días después. La falta de respuesta les hizo protagonizar una protesta pacífica que se ha convertido en todo un símbolo de la libertad: Concentrarse en la Plaza de Mayo en Buenos Aires.

La ley y el Estado de Sitio les prohibía concentrarse, así que decidieron marchar alrededor del Obelisco para evitar ser detenidas por concentración ilegal. Repudiadas socialmente por ser consideradas familias de los «terroristas», comenzaron siendo apenas unas decenas, pero en menos de un mes las abuelas de mayo superaban las 300. Su distintivo, un pañuelo blanco en la cabeza donde aparecían los nombres de los desaparecidos.

Su tenacidad comenzaba a molestar el régimen. Seguían manifestándose a pesar de ser detenidas. Su presencia no solo se hacía notar en la Plaza de Mayo, allá donde el dictador Videla recibía a mandatarios extranjeros aparecía el cortejo de damas ataviadas con sus pañuelos blancos. Era su manera de decirles al mundo que Argentina estaba sufriendo una cruel represión política.

En diciembre fue secuestrada una de sus líderes, Azucena Villaflor. Jamás volvió a ser vista con vida. A pesar de que el miedo se apoderó de ellas, siguieron fieles con su cita todos los jueves junto al obelisco, incluso tras la restauración de la democracia en 1983 siguieron acudieron a reclamar justicia por sus familiares.

Entre julio de 1975 y junio de 1978 hubo más de 22 000 desaparecidos en Argentina, aunque las cifras que la CONADEP  recibió en su informe fueron 8961 denuncias. La Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina ha registrado, en cambio, hasta 13 000 casos de desaparecidos.

La ley de Obediencia Debida y de Punto Final puso fin a las investigaciones y procesos por los crímenes cometidos durante la dictadura militar, aunque su derogación años después ha permitido abrir de nuevo los procesos. Pero no el espíritu de este grupo de mujeres que, organizadas como asociación, se hacen oír a través de un periódico y de la «Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo» donde funcionan cinco escuelas, diez seminarios y cuatro talleres, que enseñan entre otras materias: Derechos Humanos y Políticos, Economía Política y Social, Investigación Periodística, Psicología Social y Psicodrama.