Antiterrorismo: la trágica adolescencia

 

Los brutales atentados en el aeropuerto y el metro de Bruselas ponen en evidencia la ingenua manera de trabajar de los servicios policiales y de inteligencia belgas contra el terrorismo, y dejan de igual modo al descubierto la torpe inconsciencia del resto de países comunitarios que han hecho, hasta ahora, la vista gorda a la evidente falta de control y de capacidad de la seguridad del país de Europa que más yihadistas exporta a Siria e Irak -más de 500 yihadistas – que, como se sabe, vuelven a su país y se convierten entonces en lo que conocemos como “lobos solitarios” o pasan a formar parte de celulas cuya única función es la de elegir fecha y lugar para inmolarse creando una catástrofe.

Tayyip Erdogan, presidente turco, ha arremetido contra la seguridad de Bégica dando a conocer en inédita comunicación oficial que Turquía había deportado y transmitido información precisa sobre los vínculos con el terroismo islámico de uno de los dos terroristas inmolados en los atentados del martes, Ibrahim Bakraoui. Bégica ha respondido diciciendo que carece de capacidad para abordar todas las informaciones que recibe.

 

 

Erdogan, Turquía

 

 

 

A nadie se le escapa a estas alturas que hay barrios de Bruselas que han acutuado como auténticos santuarios de los terroristas – siguiendo el esquema de ETA, que actuaba en España y se refugiaba en territorio del País Vasco francés, donde llevaban una vida de aparente normalidad y cocinaban la elaboración de sus atentados. Molenbeek fue el refugio que buscó Abdeslam tras la carnicería del 13N en París, y allí ha conseguido vivir durante meses libre de todo peligro. Igual sucede con otros barrios de la periferia de Bruselas, lejos de las instituciones ocifiales nacionales y comunitarias, pero lo suficientemente cerca como para que estuvieran bajo un eficaz control policial y se realizara un seguimiento de los potenciales riesgos que en ellos se fraguan. Pero no ha sido así. Bégica aduce falta de presupuesto – una vez más los recortes contra las personas – y la ineficacia de la colaboración intracomunitaria.

Siendo terriblemente ciertas ambas cuestiones, lo relevante es la ausencia de una inteligencia capaz de prevér las actuaciones criminales de los terroristas y desmantelar sus intenciones mucho antes de que estas se lleven a término. Conviene en este punto recordar que España posee una infraestructura policial especialmente capacitada para responder al crimen mucho antes de que este se produzca. Los servicios de inteligencia de la Guardia Civil y de la Policía Nacional, unidos a los trabajos del CNI, poseen una larga trayectoria contraterrorista y la experiencia adquirida contra ETA, transformada desde 2004 en una herramienta contra el terrorismo islamista radical, es una garantía de eficacia que dista mucho de las capacidades de otros países.

 

 

11M, estación de El Pozo

11M, estación de El Pozo

 

 

Los pactos políticos aseguran la estabilidad del sistema policial y las estrategias integradoras sociales previenen fenómenos de exclusión en los que que germina la simiente yihadista. No es menos cierto que en contra de lo que presumen algunos presuntos analistas, no son las corrientes actuales del éxodo de refugiados los canales por los que los criminales circulan hacia Europa. Más bien sucede lo contrario, son inmigrantes de segunda generación mal integrados y con facilidad para abrazar el extremismo, los que aparecen detrás de los crímenes y es la falta de control sobre su radicalización – viajes incluidos a paraisos de entrenamiento – lo que facilita su disponibilidad para efectuar los atentados.

La existencia de dichos pactos entre las fuerzas políticas españolas es la que asegura dejar fuera del debate público lo que debe estar amparado por una práctica de Estado y, por tanto, maximizar las potencialidades de los servicos de inteligencia y policiales alejando su dinámica del conflicto electoral. No es posible, como hizo el PP en los años de Zapatero a pesar de haber plasmado su firma en un pacto antiterrorista, combinar eficacia y responsabilidad cuando se usa el terrorismo como puntal para debilitar a un gobierno.

 

 

Policía de Eslovenia escolta refugiados a la frontera con Austria

Policía de Eslovenia escolta refugiados a la frontera con Austria

 

 

 

La denuncia evidente de las causas que han provocado la guerra en Siria, la injustificable invasión de Irak o la alimentación norteamericana del yihadismo en Afganistan porque era contrario al comunismo sovietico, liderado todo ello por una política exterior de los Estados Unidos y sus aliados europeos, que además ha desmantelado el estado libio o que hace crecer día a día el arsenal saudí y mira hacia otro lado con respecto a la cada vez más evidente connivencia de los intereses turcos con las consecuencias de algunos de los hechos provocados por Daesh -tráfico de armas, persecución de los kurdos, compra de petroleo-, no justifica en ningún caso oponerse a combatir el terrorismo conjuntamente desde el plano del respaldo institucional a las fuerzas de seguridad. Esto solo se explicaría con los tics adquiridos en el peor comportamiento frente al terrorismo etarra, tratando de establecer causas políticas en origen que de algún modo justificara la espiral de violencia.

 

 

A nadie se le ocurrió cuestionar la estrategia contra el terrorismo tras el terrible atentado del 11M en Madrid, y todos sabíamos que el detonante había sido una guerra injustificable y que el mismo crimen se había envuelto en mentiras para evitar una derrota electoral

 

Oponerse a la enefermiza estrategia en Oriente Medio, estar en contra de dictaduras como la saudí o la catarí, denunciar los actos de Erdogan, la guerra de Yemen, la persecución de derechos humanos o el trato inhumano prestado a los que huyen del terror y la guerra, no justifica no participar decidimamente en la estrategia que hay que seguir para asegurar la vida de personas que no merecen morir en el metro camino de su trabajo, en una terraza o en un atentado en una sala de fiestas. A nadie se le ocurrió cuestionar la estrategia antiterrorista tras el terrible atentado del 11M en Madrid, y todos sabíamos que el detonante había sido una guerra injustificable y que el mismo crimen se había envuelto en mentiras para evitar una derrota electoral.

La realidad belga y su absoluta incompetencia para abordar el terrible fenómeno del terrorismo, la descoordinación torpe o interesada, las causas en origen que alimentan a la bestia y la torpeza política de los que deben ponerse en primera fila con total disposición para luchar contra el yihadismo, muestran que este asunto de cuya magnitud nadie debería dudar, aún nos encontramos con muchos que aún habitan una adolescencia y preparación practica, intelectual y, lo que es peor, de la voluntad.

 

asistencia, informatica, daesh, francia